miércoles, 15 de noviembre de 2017

RUTÓN POR LOS IBORES: SUBIDA AL RISCO CARBONERO (O CABRONERO)




Track ruta:
https://connect.garmin.com/modern/activity/2328187467?share_unique_id=4
Relive:
https://www.relive.cc/view/g15510357700
Fotos:

ASISTENTES
Tomás David Casado
Javi Camacho
José Antonio Puerto “Noca”
Jorge Flrores
Pablo Carrascosa
Juan Luis Capilla
Javi Parejo
Alfonso Merino
Diego Nieto
Toni Nieto
Javi Foz
Paco Cidoncha
Francisco Velarde “Pancho”
Teodoro Martínez “Tite”
Juanma García
David Fuentes


Km: 53
Domingo, 12 de noviembre de 2017
Última especial del año y no por ello menos esperada que habiendo quedado al albur el itinerario en el momento de su fijación, finalmente Javi, hace una semanas, nos propuso realizar un recorrido circular con inicio y llegada en Navalvillar de Ibor y subida al risco Carbonero, estando todos de acuerdo en su ejecución.
Sinceramente, tenia especiales ganas de realizar este recorrido por una zona de la Comarca de los Villuercas, Ibores, Jara, que personalmente desconocía (Los Ibores). Como el trayecto al punto de partida es de unos 115 km., la salida queda fijada a las 7 a.m.,(lo viene siendo horario de matanza) o lo que es lo mismo, madrugón al canto y a levantarse cuando los gallos aún están de siete sueños. En el Paseo nos vamos congregando para montar bicicletas y aperos necesarios, cuando en estas se presenta Juanma con una bici de esas con batería que provoca que nos arremolinemos para contemplar el invento. La verdad es que no podía haber elegido mejor ruta para probarla. Nos juntamos finalmente dieciséis Perrigalgos, aunque alguno más hubiera venido, de no ser por el otro evento que también tenía lugar el domingo y que merecía representación Perrigalguera: La Quedada Coffee Bike de Valdehornillos. Todo ya dispuesto, el convoy inicia la salida con destino a los Ibores. Hasta Guadalupe el recorrido es conocido, pero a partir de ahí entramos en territorio ignoto para mí. Me quedo asombrado contemplando desde el coche los paisajes por los que vamos transitando y le comento a Pablo que la ruta promete ser de las buenas.


Justo cuando escribía estas líneas, he vuelto a mirar la foto de los calambres que han enviado por “wasa” y a pesar de que la he visto infinidad de veces, he tenido que parar por el desconjone. 

Continúo: Llegamos a Navalvillar de Ibor pasadas las ocho y media. Esta pequeña localidad que no llega a los 500 habitantes, perteneciente a la Comarca de las Villuercas, Ibores, Jara, se encuentra enclava en el anticlinal de Ibores-Guadalupe, dentro de la formación geológica que integra el Geoparque del mismo nombre que la comarca y por el que transcurre el río Ibor. La mañana amanece con temperatura muy baja, aunque las previsiones meteorológicas pronostican subida importante de las mismas, así como con cielo completamente despejado, condiciones propicias para disfrutar plenamente del recorrido. 


Son las nueve menos diez cuando iniciamos la ruta. Bordeamos la localidad por la carretera. Tras recorrer sobre un kilómetro, Javi se percata de que vamos mal. Orejas tiesas del personal, porque sin entrar en faena ya empezamos así…¡Y sin agüelete que nos ampare!. No problem. Todo está controlado. Volvemos sobre nuestros pasos y nos desviamos por una pista en cuesta abajo que provoca que nos caguemos de frío. Pero será un instante, pues enseguida comenzamos a “cuestear” y con ello a subir la temperatura. 



La ruta va bordeando la parte norte del risco del Camorro de Navalvillar, en cuya falda se ubica el pueblo, predominando en esta parte del recorrido la encina y el alcornoque. La constante subida, no muy exigente, provoca que tengamos que detenernos a desprendernos de ropaje (Diegui se siguirá aferrando a la manta ruana) y a hacernos las primeras fotos.








 Continuamos, girando hacia el sur, para adentramos en el trecho de la ruta, a mi parecer, de mayor belleza. Siguiendo el Camino de los Jerónimos, cruzamos por un valle encajonado entra la ladera este del Camorro de Navalvillar y la Sierra del Rullo, conocida como Garganta del Hospital, en el que las encinas y alcornoques dan paso a un extenso robledal con manto de helechos que apenas deja pasar la luz del sol y en cuyo fondo transcurre lo que debiera ser un arroyo. Los colores verdes, tornándose en amarillentos, característicos en esta estación otoñal, provocan que sea aún más impactante el espectáculo visual. Lástima que no haya llovido lo que debiera. 




Tras una dura subida, iniciamos un descenso que nos conducirá al Hospital del Obispo. Interesante construcción, por su larga historia, aunque se encuentre parcialmente derruida, y que ha servido a diversos fines. Inicialmente edificada para ser lugar de descanso del rey Alfonso Onceno y su hijo Pedro que venían a estos lares a la caza de osos, con el tiempo pasó a ser hospital o sitio de asistencia a peregrinos y en época más recientes destinado a cuartel de la Guardia Civil. 


A pocos metros accedemos a la carretera de Navatrasierra, que coincide con el Camino Real de Guadalupe. Iniciamos una subida ligera de unos dos kilómetros, para apartarnos a la izquierda, en la entrada, flanqueada por frondosos castaños, del camino cuya  larga, eterna, dura, durísima ascensión tendremos que sufrir hasta coronar el Risco Carbonero. Ninguno nos imaginábamos lo que nos esperaba.



 Prolongadas rectas de pista de tierra, con pendientes casi imposibles, salpicada en las curvas por tramos de hormigón, con lo que ello conlleva (incremento de porcentaje). Cada pedaleo se acompasa con chepazo y golpe de riñón. En estas, se escucha el peculiar sonido de la bicicleta semiautomática de Juanma que te sobrepasa sin esfuerzo aparente, instante en el que piensas para los adentros: Esa me la pido para los Reyes. 






Por fin puesto el pie en la cima, la fatiga extrema se va desvaneciendo por el inigualable espectáculo que se puede contemplar en un giro de 360º: Al oeste, la Sierra de Viejas, vislumbrándose más al sur el Pico Villuercas; al norte, el Camorro, la Sierra del Rullo y en la leganía la Sierra de Gredos; al sur, el inicio del antclinal de Ibor-Guadalupe; hacia el este, Navatrasierra y en esa dirección, en la mismo cima del risco, nos encontramos con la silueta de, sí, una cabrita ¿cojaaaar? (va por Chiquito). Tras departir sobre la dureza de la subida, que creo poder equiparar a la del Pico Villuercas, o la belleza de la panorámica, comemos y nos hacemos fotos varias. 






Recuperados ligeramente del esfuerzo, iniciamos la bajada, con mayor o menor prudencia, no sin algún sobresalto, como el protagonizado por David, que como quien va a coger espárragos, se planta tan tranquilo en medio del camino a recuperar un bote de agua. En escaso espacio de tiempo llegamos a la carretera que abandonamos, para continuar por la misma y dejarla por el llamado Camino de Alías, que sale a la izquierda. 



A los que nos gusta la suerte del descenso, incluso para los que no, va a resultar una experiencia inigualable transitar a gran velocidad por unas pistas de tierra en formidable estado, entre la inmensidad de un frondoso pinar. Había que haber estado aquí para disfrutarlo.



 Finalmente llegamos a la carretera de Guadalupe, que cogemos dirección Navalvillar de Ibor durante un corto trecho, dejándola por un camino que sale a la izquierda y que cruza lo que debiera ser el río Ibor, porque el pobrecito está más seco que el ojo de la Inés.
En esta margen del río Ibor, nos encontramos con un inmenso castañar en la ladera de la Sierra de Viejas, por el que transitaremos siempre en ascenso, por caminos más irregulares y sucios de ramas y troncos, lo que incrementa la dificultad y acrecienta el cansancio ya acumulado de la anterior subida al risco. El objetivo es visitar una ermita que, digo yo, el que vaya lo hará más bien por penitencia.





  Llegados a un punto de parada, se comienza escuchar un run run de desaprobación que recuerda a la situación ya vivida durante las primeras rampas de la ruta de este año en el Jerte. Ante este nuevo conato de amotinamiento, con buen criterio, Javi recalcula el itinerario con el fin de reducir la dificultad del recorrido. Aplacada la tripulación, iniciamos una larga bajada, en cuyo trayecto se producirá el susto del día. Y es que en pleno descenso, dos majestuosos ciervos cruzan el camino de un salto a escasos metros de Javi Parejo,  provocando el sobresalto del mismo y de los que veníamos detrás. A fecha de hoy creo que el susodicho todavía percibe el olor a venado.
Finalmente, el camino nos conduce nuevamente a la carretera de Guadalupe que seguiremos durante varios kilómetros hasta llegar a Navalvillar de Ibor. Recogemos artilugios y quedamos en el Peregil donde, entre cervezas y aperitivos, comentaremos sobre lo acontecido en esta preciosa ruta. Comida, pijama de Antonio Ernesto y sofá (o incluso colchón).
Debo dar mi más sincera enhorabuena a Javi por la ruta que se ha marcado, que a pesar de la dureza me ha parecido espectacular, así como a todos los que hemos tenido el privilegio de realizarla. Desde que te iniciaste con la tecnología en el trazado de rutas, con aquella de Miravete hasta ésta, nos has permitido disfrutar de parajes que si no hubieran sido por la bicicleta y esta Peña, a buen seguro no los hubiéramos conocido.
Sin más tela que cortar, hasta la próxima.

Crónica Juan Luis Capilla



6 comentarios:

  1. Espectacular cronica, increible y inolvidables vistas y durisima ruta, felicitar a javier por esta ruta y a juanlu por la cronica.

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  2. Estupendisima cronica Juan Luis, no se podía haber narrado de mejor forma la brillantez de la ruta, a la que creo que lo unico que le ha hecho falta es un poco mas de agua, es decir, si la ruta es bonita en otoño, en primavera debe ser una pasada.
    Un diez a Javi por haberse sacado esta ruta del bolsillo. Y como dices no ha habido mejor dia para probar la bici electrica y sacarla nunca mejor dicho "a pasear".
    Post-data, sois unos exagerados, os quejais de cualquier cosa, yo no note que fuera para tanto. JUANMA

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  3. Espectaculares imagenes, espectaculares palabras, que sana envidia, felicitar a Javier por que se marca unas rutas alucinantes, al Capi que es crack narrando

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  4. Juan Luís eres un fenómeno, detallada y documentada la crónica, la verdad que se merecía alguien así para contarnos esta ruta por estos parajes de los Ibores, que al igual que tú estaba deseando conocer. Yo no me merezco tantos alagos, todo se lo debo a mi maestro Don Pedro, que me metió el gusanillo en esto de explorar, nada más que soy mal estudiante y llevo apuntes, la próxima vez el maestro para adelante, por lo menos vio ganar al Santa Amalia que gran falta hacia

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  5. Envidia sana me ha producido leer la crónica (Juanlu, yo cuando sea mayor quiero escribir así )de una ruta que me hubiera encantado hacer.
    Ya le había hablado yo a Javielillo sobre esa zona de Traslasierra y ha indagado para marcarse una ruta de esas buenas.
    Juanlu, conque descojonandote viéndome jondeao con los calambres,no. A ver si te pilló, pajarete.
    A propósito, a cómo andan esas burras que andan solas???

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  6. No he estado en la ruta pero leyendo la crónica me he transpotado hacia la zona de los ibores,que envidia, espero no faltar a la próxima especial.
    La crónica buenísima, como nos tienes acostumbrados, eres un artista.

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