martes, 19 de septiembre de 2017

RUTA AL YACIMIENTO TARTÉSICO LA MATA


Participantes:
Capilla
Carrascosa
Toni
Diegui
Tomas David
Pedro Carrasco
Javi Camacho
Paco
Cidoncha
Juan
Ismael
                Hoy toca madrugar para ir a Campanario, ruta programada hace varias semanas y que no se pudo realizar por motivos ajenos a nosotros.
Entramos ya en el tiempo de que no sabemos que ponernos, porque a primera hora hace frío pero una vez va transcurriendo la mañana va sobrando ropa.
Antes de salir compruebo que hace freso y me pongo manguitos y perneras, espero a mi primo Diegui y nos vamos hacia la Plaza. Al llegar solo me encuentro a tres Perrigalgos, pero van llegando poco a poco, hasta llegar un total de nueve, más Toni que nos espera en Medellín.
Una vez  llegados los cuñados, salimos puntuales y esta vez tiramos por la calle San Juan para recoger a Capilla que iba muy fresco y se adelantó a poner algo de ropa, los demás iban bien abrigados ya con la chaqueta de invierno como Don Pedro. Tiramos dirección Medellín con fresquito, allí estaba esperando Toni, seguimos hasta Don Benito, cogemos la carretera hacia La Haba a un ritmo tranquilo, la gente está arrecida, llegando a La Haba me pasa Tomas David la cámara, que dice que él no quiere cargos. 


Llegando al pueblo cogemos un camino a la izquierda y aquí paramos, nos aconseja Pedro que a partir de aquí va sobrando la ropa, porque viene un par de kilómetros de cuestas, así pues la gente empieza a desplumarse. Dicho y hecho, cruzamos la carretera de Quintana y empezamos a subir como siempre cada uno a su ritmo hasta un cruce de caminos donde hay que girar a la izquierda, aquí el GPS Don Pedro  no lo tiene claro, hasta que se resetea y continuamos rodeando Magacela pasando por el cementerio hasta llegar a una carretera.
 Aquí empieza el día negro de Capilla, porque se da cuenta que ha pinchado, mientras lo arreglan yo aprovecho y voy a fotografiar el dolmen que está a unos metros. Una vez arreglado el pinchazo, seguimos por la carretera unos poquitos metros y giramos a la izquierda por una pequeña aldea que está a la falda de Magacela, la atravesamos para continuar por una pista asfaltada que nos lleva casi hasta nuestro destino, después de unos cinco kilómetros, sale un camino señalizado, indicando  que quedan dos kilómetros hasta el yacimiento de La Mata.



Por este camino de tierra, que al final hay una cuestecita que se las trae, van subiendo uno a uno, una vez todos allí, hay un chaval esperándonos al que le sorprende nuestra puntualidad, eran las 10:10, creo recordar. Una vez que estamos todos juntos, empieza a explicarnos la historia de los yacimientos, de pronto llaman a Capilla al móvil y se tiene que ir, cuando echa  mano a la bici se da cuenta de que  vuelve a estar pinchada, vaya día, la arregla mientras a nosotros nos enseñan  los yacimientos tartésicos. Capilla, finalmente, se va, ha quedado con su mujer para que venga a por él.









Una vez terminada la ruta por los yacimientos, nos hacemos la foto de rigor y aprovechamos para comer un poquito en un “Plis-plas” pues llevamos una hora allí y tenemos que volver.  Deshacemos lo andado y nada más salir Pedro se lleva un buen susto, le salta la cadena y a punto estuvo de caerse, eso sí, se llevó algún arañazo que otro. Seguimos por el mismo camino pero en vez de tirar dirección La Haba, seguimos hacia Villanueva por el mismo camino, aquí empieza el viacrucis de Ismael, con el tío de la marra que le dio de lleno.


Por fin llegamos a Villanueva, y ponemos dirección a Don Benito, por la carretera pasando por el Hospital, hasta la rotonda para girar a la derecha hacia el cementerio. Cogemos la antigua carretera, pasando por la rotonda del Tordo y de aquí al Río Guadiana, una vez allí cogemos un camino que nos llevará hacia la Nacional 430 a la altura de Ruecas, dejamos a la izquierda dos eucaliptos, que según Pedro son los más antiguos de Extremadura. Por aquí ya vamos más tranquilos, pero a Ismael le ha dado el de la maza bien dado.


Cogemos la Nacional antes de llegar al río y ya la altura del cementerio la dejamos, para tirar por una pista hasta Hernán Cortés, aquí se queda Toni y continuamos hasta Santa Amalia, a un ritmo tranquilo para llegar todos juntos y con 83 kilómetros a la espalda, ya en Santa Amalia como de costumbre parada en el Bar de Moniato, para tomarnos la cervecita que entra de vicio.
Hasta la próxima!!!

Un saludo, Juan.


martes, 12 de septiembre de 2017

SIN COMERNOS EL MAGÍN, NOS ESPETAMOS A LA PRESA DE ALCOLLARÍN






Track ruta:
Datos ruta:

1-Volvemos al horario habitual de las nueve sin hacer concesiones, Pedro Roni, con buen criterio, nos tacha de camastrones.
2- Cuando llegan los calores la familia perrigalguera se encuentra en un brete; en esta ocasión no nos juntamos cuatro gatos, sino siete.
3-  A la sempiterna pregunta de ¿adónde vamos?, me adelanto en el ínterin. “Si queréis yo puedo llevaros a la presa de Alcollarín”.

4- Son ochenta kilómetros de pedaleo y nos espera una somanta; así que a las nueve y diez nos subimos a las burras y “carretera y manta”.
5- Pasamos por Valdehornillos, Vivares y Casar de Miajadas, pedaleando como fieras; Tite comenta con sorna: “Vamos a llegar antes que las “viajeras”.
6- Torcemos a la izquierda y Tomás Davis nos come el tarro. Pregunta: ¿Qué pueblo es ese? “Cual va a ser: Pizarro”.

7- Un poco más adelante alguien grita: ¡Avería! Es Diegui que ha roto el cable del cambio. ¡Quería darnos el día!
8- En la parroquia de Campo Lugar donde se venera a Nuestra Señora de los Ángeles, nos detenemos. Es Tite el que dice: “Retrátala Javielillo, que esta no la tenemos”.



9- Comemos en un mirador con bonitas vistas del pantano. Tite posa cual águila rampante, haciendo un esfuerzo sobrehumano.


10- Javielillo solicita un cronista en lo que es ya un fatídico lance. Como ponedor de la ruta y ofrecerme voluntario, heme aquí en este trance.
11- Por debajo de la presa hay unas construcciones antiguas. Son bujios, chozos, cabañas y pozos, rescatados de las aguas.







12- Soplando el viento de cara, pedaleamos muy aplicados. A la derecha nos ve pasar, con desdén, un bando de buitres leonados. 


13- Los más fuertes dan los relevos, y Diegui y yo “ni estamos ni se nos espera”. A Tite le veo muy fino: se está subiendo a la higuera.
14- Entre Escurial y Miajadas una pareja arrastra una maleta con cierta “priesa”. Alguien comenta con guasa: “Irán a coger la Tallesa”. 

15- Por la pista del canal vemos a lo lejos un grupo de gente apiñadas como champiñones. Al llegar nos damos cuenta que han pinchado Los Jarones.



16- Arrancamos con nuevos bríos y rodamos a todo trapo hechos un ovillo. Sin darnos cuenta y en un plis-plas llegamos a Valdehornillo.

17- Y a la una menos cuarto, y sin cobrarle a Juanlu ni un kilómetro de IVA, llegamos ancá Moniato sin más tela que cortar ni diatriba.
Hasta la próxima, “correliebres”
Crónica Pedro Carrasco Cuesta


miércoles, 6 de septiembre de 2017

RUTA DE LAS CINCO IGLESIAS





Después de estar toda la semana aguareando la ruta de las ruinas Tartésicas de Campanario, nos comunica el amigo Tite, mediante wasa, que no ha sido capaz de contactar con nadie para que nos abran. Posiblemente, sábados y domingos no abran. Por tanto, queda aplazada esta ruta hasta nueva órden, de no ser que vayamos un lunes.
Cambio de horario y salida a las 8:30 h. en vez de las 8:00 h como se tenía previsto para dicha ruta.
Llego el primero a la plaza y van llegando los perris a cuenta gota, hasta cerrar el grupo Pablo, haciendo el número once.
Propone, Tomás, ir a Montánchez y subir por La Quebrá, no haciéndole nadie el más mínimo caso. Juan Luis propone ir a  Oliva de Mérida, viendo, de camino, las iglesias de los pueblos por los que vamos pasando hasta llegar allí.
Como hoy soy el nuevo, ya que empiezo mi campaña ciclista, me toca escribir la crónica.
Salimos de la plaza por el camino de La Bomba para coger la pista de Caballero hasta cruzar la N-430. Cogemos pista de Cerro Mono hasta cruzar el río Guadiana por el Badén de Valdetorres. Llegamos a dicha localidad y visitamos la primera de las cinco iglesias, parroquia Ntra. Sra. De la Asunción, originaria del s. XVI. Está situada a las afueras del pueblo, cosa extraña, porque suelen estar en el centro de las poblaciones.

Abandonamos  Valdetorres dirección Guareña por la carretera que nos conduce hasta el hotel El Coto. Nos paramos en el semáforo por estar en rojo, algunos dicen que está averiado porque tarda en cambiar, al final cambió.
Cruzamos la carretera y cogemos una calle que nos conduce hacia la segunda iglesia de la ruta, Santa María, una edificación mastodóntica, de unas dimensiones bestiales, de estilo gótico renacentista.

Cogemos calle abajo y tomanos dirección Cristina, una población 560 habitantes, que se encuentra a dos kilómetros de Guareña. Llegamos en un pis pas y vamos a la búsqueda de la tercera iglesia del día, Iglesia parroquial de Santa Cristina, más pequeña que la anterior.


Abandonamos el municipio y tomamos un camino que nos conducirá has Oliva de Mérida, un camino de toboganes, rodeado por un mar de olivos, que se pierde la pista a lo lejos. Será el primer tramo de camino que cogemos hoy.
Llegamos a Oliva de Mérida y nos encontramos la iglesia en lo más alto del pueblo, será la cuarta del día, en la cual aprovechamos para comer algo y hacernos la foto de rigor. Iglesia de la Purísima Concepción, originaria del s. XVI.

Camino de vuelta por la carretera, dirección Guareña, quedamos Cristina a la derecha. Atravesamos Guareña y deshacemos el camino andado dirección Valdetorres y cuesta abajo. Nos ponemos en un peniquete en el badén del río Guadiana y como vamos temprano, decidimos ir hacia la Villa de Medellín. Guadiana arriba, entre arrozales y maizales, observamos la cantidad de nenúfares que tiene el río.
Pasamos por la famosa Palapa (¡qué no te lo cuenten!). Nos adentramos en la Villa por la ladera del castillo en busca de la que será la quinta y última iglesia, Santa Cecilia, del s. XVI y de estilo gótico.

 De aquí cogemos dirección Sta. Amalia, que ya es hora y hace mucho calor. Llegamos a la sede después de 75 Km. y  con las cinco iglesias a cuestas.

Crónica Paco Cidoncha