miércoles, 23 de agosto de 2017

CLÁSICA DE VILLAGONZALO




ASISTENTES
Julio
Pablo
Juan
Javi Foz
Tite
Santi Yanqui
José Luis Petete
José Luis
Oscar
Hermano de Moi
Juan Luis

Km: 66
Domingo, 13 de agosto de 2016
Conocidos es por todos lo complicado que resulta conseguir que un perrigalgo relate lo acontecido en una ruta, circunstancia esta que se incrementa en verano. En esta ocasión, como así expondré, la autoría de la misma tuvo alternancias, hasta que finalmente le fue adjudicada al que escribe. Sin más dilación procedo a la redacción de los hechos producidos en una típica ruta estival con poca chicha.
Las elevadas temperaturas que estamos sufriendo en verano provocaron que en su momento se acordara adelantar en media hora el horario de salida, circunstancia esta que no es de mi agrado, aunque reconozco que permite evitar que nos pille de lleno el calor. Sin embargo, no escondo mi deseo de que pronto retomemos las buenas costumbres en cuanto a la partida se refiere.
La mañana se presenta con ligera brisa, aunque conforme avance el día la previsión es de temperaturas por encima de los 37º C. Cuando llego, son varios los perrigalgos arremolinados en la barandilla de la Plaza, número que se incrementará notablemente en los minutos siguientes a mi llegada, hasta conformar un total de 11 unidades. Como suele ocurrir, entre charlas, cuando se decide partir queda pendiente por determinar el itinerario de la ruta. Tras aguardar unos instantes sin que nadie tome la iniciativa, propongo realizar una la que se puede considerar ya como clásica del verano: Dirigirnos a Villagonzalo. Nadie pone objeción y, como “ponedor de ruta”, ya interiorizo que la crónica está más que adjudicada.
Bajamos por la calle de la Reina para continuar por el camino de la Bomba y seguir por la margen del río Búrdalo hasta el puente de hierro en la N-430, es decir, seguir el curso de la ruta Mozárabe hasta San Pedro de Mérida. A la altura de Torrefresneda, Tite me comenta cuál es el itinerario a seguir, pues es conocedor de una variante que nos llevará igualmente a Villagonzalo.  Como de lo que se trata es de disfrutar de nuevos trazados, se opta por seguir la nueva propuesta, pero este requiebro en el itinerario, ¿justificaría que el relato lo asumiera el nuevo proponente?.
El recorrido sigue siendo el mismo hasta justo el paso de la vía de servicio bajo la autovía. En este punto, en lugar de dirigirnos a San Pedro de Mérida, giramos a la izquierda por una pista inicialmente asfaltada hasta, según el proponente, un badén que cruza el Guadiana. Cuando nos aproximamos al badén, un cartel herrumbroso nos pone a todos de orejas y nuestros peores presentimientos se confirman: El paso está totalmente derruido. Y aquí surge la disyuntiva: O Tite hace tiempo (mucho tiempo) que no pasa por aquí, o un seísmo de no sé cuántos grados en la escala Richter ha tenido lugar hace poco y no nos hemos coscado. Ante la imposibilidad de continuar, no queda otra que volver por nuestros pasos, retoma el inicial itinerario y, sí, la crónica en forma de pelota, vuelve a mi tejado, si es que alguna vez dejó de estarlo. 

Llegados a San Pedro, cruzamos la autovía y dirección a Valverde de Mérida a unos cien metros, tomamos un camino que sale a la izquierda para continuar en un constante sube y baja hasta llegar a una plantación de almendros que por lo crecidos que se encuentran me generan dudas del camino a seguir, aunque pronto me ubico y encontramos a nuestra izquierda la senda que nos conducirá a la margen del Guadiana que seguiremos hasta el badén derruido, este si conocido por varios de los que ya hemos realizado esta ruta.


 En dirección a nuestro destino seguimos por el camino paralelo a la carretera y al río, que esta ocasión se encuentra bastante más despejado de camalote que en años anteriores. Antes de volver a tomar la carretera, en medio del camino nos encontramos un árbol caído que impide nuestro paso. Al final, la teoría del seísmo va a resultar cierta. 



Llegamos a la plaza de la localidad con bastante adelanto del habitual, refrendado por la ausencia de feligreses en la iglesia, que en ediciones anteriores escuchábamos entonando cantos litúrgicos.
Tras el almuerzo y la foto de rigor, nos ponemos en marcha para volver, como de costumbre, por la colada de Valdetorres que transita por numerosas heredades en las que podemos encontrar toda la variedad de cultivos de nuestra zona: Frutales, almendros, olivares, maizales, tomatales, arrozales...Cruzamos la carretera de Valverde de Mérida a Guareña y seguimos pisteando a un paso llevadero hasta la localidad de Valdetorres.


 Dirección a Yelbes, José Luis, va notando la falta de salidas con la Paña, y suplica la necesidad de meter en el cuerpo un reconstituyente, de esos que ya conocemos. Pablo le ofrece un tubito y el interfecto le mira como diciendo que con esto no rellenamos ni el hueco de la muela y es que, por lo visto, debe existir una correspondencia entre cantidad y el cuerpo del afectado, lo que implica que para el susodicho se necesitaría una dosis más contundente. Para evitar tener que soportar el tráfico existente en esta época por la carretera de Yelbes, Tite propone, nuevamente, realizar una variante por una  pista de tierra que nos conducirá a las charcas del Voluntario. Llegamos al pueblo justo cuando la campanas anuncian las 12 horas del mediodía. Buen horario para reponer fuerzas en “Ca Moni”.
Aprovecho que redacto la crónica para agradecer a la Gran Familia Perrigalga las deferencias tenidas conmigo y mi familia.
Sin más tela que cortar, hasta la próxima.
 
Crónica Juan Luis

miércoles, 2 de agosto de 2017

NOS VAMOS A ARROYOMOLINOS


Distancia: unos 61 kms
Participantes: Capilla - Diegui - Javi - Chino - Tomás David - Juan
Un Domingo más me levanto, y lo primero es ver si hace fresco, parece que está la mañana buena asique me visto y espero a mi primo para ir juntos a la plaza.
Llegamos a la plaza los primeros y poco a poco van llegando los demás, alguno ya fuera de tiempo pero llegan. ¿Dónde vamos? Nadie dice nada, propongo ir a Arroyomolinos y dicho y hecho.
Ponemos rumbo hasta el río, ahí giramos a la derecha y cogemos la pista asfaltada que pasa por los invernaderos a buena paso. Se nota ya la cosecha del tomate porque la carretera tiene mucho trajín de coches y tractores. Seguimos hasta el río y una vez pasada la autovía tiramos a la izquierda para coger el camino que nos lleva a la pista de sopetran.

El ritmo es bueno y la mañana está estupenda, continuamos y cruzamos el canal de Orellana para llegar a Almoharín. Cruzamos el pueblo y giramos a la izquierda para ir hasta Arroyomolinos, donde empiezan los repechitos que hay durante unos dos kilómetros, una vez arriba nos reagrupamos y seguimos.




Por este tramo vemos venir algunos ciclistas de frente muy rosados e intuimos que son del Trikiteam, y acertamos, eran tres perdios.
Sin darnos cuenta, eso sí, a buen ritmo, nos plantamos en la charca de Arroyomolinos, que es donde paramos a comer y descansar. Viendo los Whatsapps nos damos cuenta que Don Pedro está muy cerca y Javi le llama para si volvemos juntos, pero dice el señor que de eso nada, que va a subir a Montánchez por el camino de piedras que bajamos una vez, con dos cojones, ¡¡vaya un tío!!
Nosotros nos hacemos la foto y nos vamos por la pista de la parrilla dirección al pueblo. Todos juntos hasta la cuestecita del Quinto Pino, que cada uno la sube como puede, una vez conseguida zumbando para el pueblo.


Pero aquí el percance del día, a Javi le da de lleno una abeja en la frente y le pica. Seguimos avanzando y se le va hinchando, paramos en el cortijo, antes de la parrilla y Diegui le deja hielo para calmar la hinchazón.

Continuamos hasta las monjas, ya sin parar hasta el pueblo para parar a echar la cervecita anca Alejandro.
Recordaros que el sábado se saldrá a las 10:15, en la plaza, para hacer la nocturna.
Un saludo y hasta la próxima!
Crónica Juan Nieto

miércoles, 26 de julio de 2017

RUTITA POR LA PLAYITA.



 
Fotos:

Javi
Yeyo
Oso
Pancho
Juan
Capi
Joaquín
Julio
Después de varios meses de ausencia, hoy me decido a salir, sin tener clara la hora, voy preparando el desayuno, sacando las botellas , cuando siento la llamada de la madre naturaleza, tranquilo pensando que iba sobrado de tiempo, me acoplo en el trono leyendo un poco las noticias del día, cuando de repente se me  enciende la bombilla y claro , decido mandar un mensaje a los colegas para que me confirmaran el horario, Yeyo es el primero en contestar y zasca, que salimos a las 08.30, mama, se acabó la tranquilidad, a correr que no llegamos.
Ya en la plaza se encuentra la cuadrilla esperándome para arrancar la ruta de hoy, nada un paseíto a Entrerios, pregunto los kilómetros,  70 de na, más el IVA que lleva de serie, pues apechugamos y para delante, Yeyo y yo comentamos que va a ser mucha tela, después de varias semanas sin subirnos en la mtb, así que comenzamos a llorar y a encomendarnos, sobre todo yo a San Rebufo, patrón de los ciclistas gorrones que esperan una ruta jodida.

Decidimos que mejor camino al principio y posteriormente la vuelta sea por carretera, así que arrancamos buscando Medellín para pasar el puente romano y adentrarnos ya en los caminos polvorientos, el ritmo es bueno, el personal esta fuerte, Capilla, Javi el Pistones, Oso , Pancho, hoy sin su socio, van tirando del personal,  nos equivocamos un par de veces de camino, son tantos los que hay, deshacemos y continuamos, el ritmo en el camino sigue siendo alto, demasiado alto, pero bueno hay vamos agazapados y tragando polvo.


Pasamos la iglesia que se encuentra en medio del camino, que no sé si es la iglesia de Don Llorente, ya me corregirán si no es así, y sin decir ni mu, coño, que ya estamos en consiver, atravesamos la antigua carretera que va de Don Benito a Miajadas, y continuamos fuertes con la marcha, seguimos una ruta marcada con estacas con una plaquita en rojo, la mañana esta fresquita el aire va de nuestro lado, seguimos  por caminos que ya os digo yo, que el lunes no daba con ellos, más que nada porque si levanto la cabeza me pierdo.

Yeyo va el bicho pendiente de su flamante Polar, alto de pulsaciones, con alguna lagrimilla en la mejilla pero va el bicho de cojones, Encallaman ya te tenemos colocado, sigue la táctica de su compadre, pero ambos tienen una reputación más que de sobra conocida en la peña, de frescos llorones, jajajaja.



El Zújar va bien de agua, y ya nos estamos aproximando a nuestra meta, pero antes hay que pasar el badén,  la corriente es fuerte, tenemos ciertas dudas de cruzar, el primer atrevido es Juan Luis montado en la bicicleta, avanza fuerte pero una vez sale de la vegetación tiene que poner pie en suelo porque la corriente lo desplaza, Javi sale en su ayuda, y ya el resto decidimos cruzar, pero ya con la bicicleta al hombro, que fresquita y que bien sienta el agua.





La zona esta de lujo un césped bien cuidado, bastante sombra , merenderos, nunca había estado allí, y esta súper bien, dos valientes, Yeyo Y Capi después de tomar el aperitivo deciden darse el chapuzón de la mañana, antes de iniciar de nuevo el camino de vuelta,  foto de rigor y camino de Entrerios.




Volvemos arrancar fuertes, ya el viento viene de cara pero no es  inconveniente para seguir a un buen ritmo, parece que en vez de acercarnos al pueblo  nos alejamos más, pero que pasa, nos encomendamos a San Rebufo, y a dar pedales, no queda otra.
 Paisaje lleno de frutales, por todos lados, y ya empieza a notarse la pretemporada realizada por Yeyo y Alfonso en Punta Cana, los dos se arriman a Capi Y Pistones, y empiezan a tirar duro, que máquina, atravesamos la 430 a la altura del castillo de la encomienda y vamos buscando, ahora parece que si Santa Amalia.




Dejamos Villar de Rena, y vamos  dirección  Hernán Cortes, estos cabrones cada vez tiran más,   Javi solo ante el peligro tirando de nosotros la mayor parte de la ruta, aprovechándonos de su físico, no se cansa nunca este tío.
Capi , Pancho, y los compadre pasan a dar relevos y esto no provoca nada más que un aumento de la velocidad, Juan y Joaquín pasan también, pero yo sigo fiel a mi Santo, claro ya la cosa se va de las manos, se ponen a 38 39 km, se produce un corte, porque claro ya está bien ir a 34 35 km, pero estos bichos no tienen suficiente, menos mal que dura poco, ya vemos Hernán Cortes al fondo.

Ya vamos bien de kilometro hoy, y decidimos con toda la prudencia del mundo, continuar por la 430 hasta el pueblo, dado la velocidad del grupo y los pocos kilómetros que nos quedan  estamos en un tris  en la entrada de Santa Amalia, ya relajando piernas vamos buscando la cervecita bien merecida de hoy, y los chascarrillos de la ruta.
Buena y dura Ruta como siempre, los compadres sobraos, ah y por cierto no seáis perracos y escribir las crónicas hombre, que es un ratito y a todos nos gusta echarle un ojo, adiós.
Crónica Julio Jiménez



miércoles, 28 de junio de 2017

V EDICIÓN “RUTA DEL JERTE”




INTRODUCCIÓN
Reconozco que llevaba bastante tiempo escurriendo el bulto a la hora de empuñar la pluma, y eso que no había comprado papeletas para que me tocara. Así que no había que ser un lince para aventurar que esta vez no me salvaría ni la caridad.
El último fin de semana de Junio de cada año ya ha quedado marcado con letras de oro en los anales de la peña. Y es que cuando llega esta fecha toda la familia perrigalguera se apresta a pasar un fin de semana en el valle del Jerte, donde la convivencia y el ciclismo del bueno forman un maridaje perfecto.
Este año alcanzamos la V EDICIÓN DEL JERTE que, lejos de ir en declive, parece que va en auge cada año y se va asentando definitivamente como una cita imprescindible a la que todo el que puede no quiere faltar.
David Liviano, que hace poco se hizo acreedor del honroso apelativo de “el hombre que susurraba a las brevas”, ha pegado tal bajón que a día de hoy su estado de forma no llega ni tan siquiera a cabra coja, sino a tullida directamente. Tal es su declive que ha decidido no hacer la ruta, y ni siquiera ha llevado su burra. Pero como no hay mal que por bien no venga, hemos perdido (de momento) un ciclista, pero hemos ganado un organizador-intendente- cocinero que, junto con Pedro Antonio como segundo de cocina son todo un lujazo. Enhorabuena a los dos.
La retahíla de Perrigalgos hacia el Jerte la abre el propio David el Jueves, y la cierra (quién sino) el Viernes, ya de noche, Juanlu, que una vez más no dudó en hacer honor a su condición de “hombre tranquilo”. Creo que en una competición de “últimos” él tendría serias posibilidades para ser el primero, aunque suene a paradoja.
Afortunadamente el “affaire” del año pasado, donde más de uno sentimos vergüenza ajena, ha quedado como una mácula de algo que no debe volver a ocurrir, y nos congratula el ver que cualquier atisbo de rencilla y/o rencor entre los dolientes ha quedado enterrado y en el olvido.
Después de una cena recolgona en familia con una armonía digna de encomio, sale a colación la hora de salida para la ruta. Tras barajar distintos horarios se me pregunta mi parecer, y todos dicen amén a mi propuesta de que sea Juanlu, alias Tardeli, el que decida la hora. Propone que sea a las ocho (podía haber sido peor) y se está de acuerdo, toda vez que la ruta que nos ha preparado Javielillo junto con su GPS, es de tan solo cuarenta kilómetros, aunque ya anuncia que los veinte primeros son de subida, y no de una subida cualquiera.
Pronto el personal se concentra y empieza a desfilar para la piltra, y tan solo un reducido grupo (Diego, Jorge, Pablo y yo) aguantamos echando unos cubatas hasta la una y media, toda vez que nuestro amigo el de los aspersores no se muestra muy celoso en el desempeño de su trabajo.

LA RUTA
Por una vez y sin que sirva de precedente los quince Perrigalgos que forman el grupo estamos listos para partir a la hora indicada. Algunas mujeres se asoman para vernos salir y, cómo no, Antonia Mari nos tira las fotos de rigor. Se anuncian temperaturas altas, pero a esta hora de la mañana la climatología es agradable cuando abandonamos un camping dormido y silente.
En Navaconcejo tengo que reconvenir al grupo en el itinerario a seguir, lo que me pone en guardia sobre las excelencias del aparatejo de Javielillo, ese GPS que todo lo sabe aunque yo, escéptico por naturaleza, le quito el “todo” y lo dejo en “casi todo”.




Transitamos por el sendero que va paralelo al río camino de Cabezuela cuando Javielillo, en un descuido al mirar para atrás, se va al suelo con todo el equipo. Nada que no sea reparable; a lo sumo “chapa y pintura”. Cruzamos el puente hacia la derecha y callejeamos por Cabezuela siguiendo las directrices que marca el dichoso GPS.


Casi al instante de dejar la población nos damos de bruces con una pista cementada (¡con la urticaria que nos da el cemento!) que más parece una pared. Venga, tíos a meter riñones (y cojones) y p’arriba con el grupo hecho añicos. Los seis “comedores de brevas” (Antonio, Juanlu, Pablo, Noca, Tomás y Javielillo) en vanguardia, y un rosario detrás como buenamente puede y que cierra Luis, como es su costumbre (¿o su sino?)
David y yo nos quedamos escoltando a Luis que en momento dado se para y parece barajar la posibilidad de tomar las de Villadiego. Pero como sabemos que es cabezón como él solo, no damos pábulo a sus manifestaciones. David, en su calidad de cuñado, me dice que me adelante, que él se queda para acompañarle y así lo hacemos.
 Pronto veo a los restantes que han parado para reagruparnos y les cuento las reticencias de Luis. Cuando llegan volvemos a arrancar con una propuesta un tanto beatífica de Tomás, que me parece un brindis al sol y se me antoja a todas luces irrealizable: subir todos juntos. Buen propósito que, sin embargo, cae en saco roto y salta en mil pedazos en un santiamén. Porque, en contra del manido aserto que reza que las cabras cojas tiran al monte, en esta bendita peña nuestra son los “comebrevas” los que ciertamente tiran al monte.
Más adelante otro parón para agruparnos. Me dice Javielillo que hasta en la élite se ha producido un amago de amotinamiento por la dureza de la ascensión. ¡Lo que hay que ver! Vuelven a llegar Luis y David y otra vez para arriba, retorciéndonos sobre el manillar. En este trance se me ocurre una propuesta que para algunos puede ser indecente, pero para otros seguro que sería mano de santo. Ahí va: yo propongo que las próximas perras que se gaste la peña sean para la adquisición de unas de esas bicis con motorcito para las cabritas cojas. ¿Qué os parece? Bueno, yo ahí lo dejo por si suena la flauta. Jejeje…

En otra arrancada me agrupo con Toni, Juanito, Diegui, Jorge y los compadres, Alfonso y Diego. Los compadres dan muestras de su acendrado carácter derrotista. Alfonso consulta a cada pedalada su cuentakilómetros y va cantando los porcentajes: “¡Mira, el quince por ciento; mira el dieciocho; ostia puta, el veinte!” Mientras Diego, igual de quejumbroso, hace lo propio, solo que con las pulsaciones: “¡A ciento cincuenta, madre mía; cojones, a ciento ochenta!
¡Cómo va el pucherillo!” Diego tiene una particularidad con una precisión milimétrica que le hemos ido comprobando a fuer de salir juntos: sabemos que no se calla ni aunque le maten pero,
¡coño!, es llegar a ciento cincuenta pulsaciones y una especie de resorte se le activa en el magín que le hace enmudecer como un muerto.
Un lugareño con una furgoneta viene de frente. Se para a nuestra altura al vernos llegar y nos pregunta si sabemos adónde vamos. Le decimos que sí, que a Piornal y, frunciendo el entrecejo, lo pone en duda mientras nos dice que más adelante la pista se corta definitivamente. En otro reagrupamiento se lo digo a Javielillo que ni se inmuta siquiera y zanja el asunto con un tranquilizador: “Tú confía en mí”. Tal es la fe que tiene en su GPS.

Cuando la pendiente de la pista asfaltada empieza a pasar factura…y de castaño oscuro, los cerezos dan paso al monte de robles y el ahora camino se torna más tendido, aunque manteniéndose en un ocho o diez por ciento de desnivel. Transitamos en sombra por la espesura del bosque y los sentidos se abren, deleitándose, ante el esplendor de una naturaleza en estado puro.




En cada cruce de caminos con riesgo de despiste nos detenemos a esperar que lleguen los últimos, y siempre con un denominador común: Antonio el Chino royendo algo. ¡No se desmaya, no! Dice Alfonso que le hubiera gustado pesarse para ver cuánto perdía en la ruta. Pues el Chino podía haber hecho lo propio, pero yo creo que para saber cuánto ponía.
Superados los mil metros de altitud, según nos chiva el GPS, el robledal cede paso a un monte bajo de arbustos leñosos formado por piornos, escobillas, brezos y helechos, donde predomina sobre todos el primero.
Tras una nueva parada donde reponemos fuerzas (por supuesto, Antonio sigue dándole al diente) entramos en el paraje de alta montaña denominado Peñanegra, ya con una pendiente algo más suave, aunque agravada con tramos de los llamados técnicos por lo pedregoso del camino.




Llegamos a un cruce de caminos que conduce a la derecha a Piornal y a la izquierda al embalse del mismo nombre. Tal y como estaba estipulado en la ruta, giramos a la siniestra mano. Son un par de kilómetros en los que vemos caballos semisalvajes en libertad. Son pequeños caballos que están perfectamente aclimatados a las nieves y a los rigores del crudo invierno de estas latitudes.
Arribamos a la pequeña presa y ya sea Javielillo, su aparatejo, o ambos en comandita nos juegan una mala pasada al conducirnos por un sendero intransitable que no tiene salida. Solventado el entuerto se produce la única disensión de la ruta. La idea era la de alcanzar un mirador un kilómetro más arriba, desde el que se puede contemplar a un lado el Valle del Jerte y al otro una amplia panorámica con toda La Vera en primera instancia.


Diegui se había ido solo hacia arriba, después un grupo intermedio y otro grupo detrás. En un momento dado surgen las dudas sobre si seguir o no, y Antonio se planta manifestando con su inveterada rotundidad su intención de darse la vuelta. Otros quieren seguir tal como era la primigenia intención. Al final la prudencia cede ante las posiciones más tajantes y se decide renunciar a subir el último tramo. Antonio pone en práctica una versión más cerril del silbo gomero para hacer volver a Diegui, al que divisamos a lo lejos. Cuando llega a donde nos encontramos, no sabemos cómo, se cae al suelo trabado con la bici como si fueran siameses y hay que ayudarle para separar el nudo gordiano que se han hecho. Al igual que en denantes Javielillo, también algo de “chapa y pintura”.



Volvemos grupas y nos detenemos a retratarnos en un saliente donde se divisa parte de la región de La Vera, y seguimos en bajada y por asfalto hasta Piornal, del que nos separan cinco o seis kilómetros.


Nos detenemos en el pueblo más alto de Extremadura, que se encuentra a 1175 metros en el altiplano de la Sierra de Tormantos. Aquí se celebra cada 19 y 20 de Enero una de las fiestas más populares de la región, declarada de interés turístico nacional: el Jarramplas, un personaje vestido con un traje del que cuelgan multitud de cintas multicolores y la cabeza cubierta con una máscara con cuernos y una gran nariz. El Jarramplas se pasea por las calles tocando un tamboril, mientras que la muchedumbre le lanza nabos en una rememoración del que, según la leyenda, fuera antaño un ladrón de ganado.


En un merendero a la salida del pueblo con unas bonitas vistas del valle hacemos la parada principal para comer. Son las doce, más bien tarde para que algunos se zampen el bocadillo del que vienen provistos. Nueva foto de rigor y ensillamos las burras de nuevo.
Cuando todos pensábamos que los veinte kilómetros restantes serían comer y cantar, aparecen Javielillo y su dichoso GPS para truncar nuestras expectativas. Pronto dejamos la carretera y torcemos a la derecha por una angosta calzada romana en cuyo descenso hay que poner los
cinco sentidos, y más porque no tenemos. Ahí Pablo nos da el susto del día, al estar a punto de caerse por un terraplén. Pero como ese bicho es como los gatos, que siempre cae de pie, descabalga de la bici con una habilidad pasmosa mientras mira a la gente con esa sonrisilla guasona tan peculiar en él.


Más atrás bajan como buenamente pueden y con las carnes abiertas los que se han dado en llamar los “CUATRO JINETES SUICIDAS DEL DESCENSO”, a saber: David, Jorge, Alfonso y aquí el menda. Y es que a la poca o nula destreza bajando se une un miedo que te atrapa y tensiona hasta el último miembro del cuerpo. Al ver esta calzada se entiende cuando, viendo algo de difícil ejecución, de dice a modo comparativo: “esto es de romanos”.

Se acaba la calzada, a Dios gracias, y seguimos descendiendo hasta llegar a la “Garganta Calderón”, donde nos paramos a contemplarla, refrescarnos y tomar algunas fotos, aunque no baja mucha agua por la prolongada sequía que venimos padeciendo.

Unos bajan como bólidos y otros como galápagos y en cada bifurcación se paran a esperarme, y solo se arranca de nuevo cuando yo, que hago de “bici escoba”, doy el visto bueno. Entre un vericueto de caminos jalonados con bancales de cerezos en plena recolección, vamos perdiendo altura hasta llegar a la carretera. Y es la una aproximadamente cuando llegamos al camping con 42 kilómetros recorridos, que no parece mucho para nuestro territorio, pero que por estos parajes no es moco de pavo. Las cluecas (dicho con cariño) nos aplauden al llegar.

Se sueltan las burras, nos damos un baño reparador en el río departiendo entre risas y bromas, y nos disponemos a trasegar birras fresquitas y a degustar la exquisita paella con la que nos obsequian David y Pedro Antonio. Los distintos postres que han traído las mujeres son la guinda perfecta para una merienda de lujo. Con el estómago saciado, unos se retiran a dormir la siesta y otros se quedan a disfrutar de la sobremesa, y ,después, a la piscina con los peques. Más tarde no falta el partidillo de voleibol (motivo de la discordia del año pasado) donde los contendientes se hartan de reír y se lo pasan como los indios. Aquí el aguelo renuncia amablemente; y es que no va estando para esos trotes.
La gran familia perrigalguera vive el fin de semana del Jerte como una comuna; se convive todo el rato, se comparte todo y el buen royo es la tónica dominante. Por la noche, cena a base de montados de lomo, hamburguesas, salchichas…y hasta unos pececitos fritos riquísimos que nos preparó David, fruto de la pesquería de los críos y de él mismo. Después, tertulia amena y distendida entre cubatas, hasta que poco a poco el personal se retira a descansar.
El Domingo cada uno a su bola: yo fui a sacarme la espina del tramo que no subimos ayer, otros hacen una ruta de senderismo a Los Pilones, otros se quedan tranquilos en el camping vegetando entre baños, charla y cervecita…
Merendamos como siempre en la cafetería del camping y unos enseguida y otros exprimiendo hasta el último momento del día, vamos partiendo para el pueblo tras pasar un fin de semana genial en el que tan solo nos falta entonar, como los pamploneses en San Fermín, el “pobre de mí”.
En fin, que ya queda un día menos para la próxima edición del Jerte, que será la sexta y que en esta ocasión ha supuesto un punto de inflexión y de unidad, tras una etapa algo convulsa en cuanto al desperdigamiento y la anarquía de las salidas dominicales se refiere.
Como corolario, os pido disculpas por la extensión, pero es que cuando me arremango… Hasta la próxima, correliebres
Crónica de Pedro Carrasco Cuesta, alias el aguelo.