martes, 8 de marzo de 2016

EN LA VARIANTE DE LA VARIANTE, EL TUBELESS POR DELANTE

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Domingo 6 de marzo, mi primera ruta de año, y como le pasó a don Pedro la semana pasada, reaparición y crónica al canto. Las 9 de la mañana hora impuesta desde los inicios perrigalgos para la salida, nos damos cita en la plaza 35 perrigalgos mas dos perrigalgas, Esther y María Jesús, que no se si entran en los 35 o no, da igual. Al llegar a la plaza veo que la gente va renovando bicicletas como calzoncillos, es lo que tiene tanto tiempo sin aparecer. Dicho esto, nos ponemos manos a la obra, partimos dirección a las calle de “los muertos”, Antonio Nieto se le olvida las gafas y le toca dar la vuelta, seguimos por la carretera de San Isidro charlando sobre lo que dio de sí el sábado llegamos al Sajonia, cruzamos la autovía, torcemos a la izquierda para seguir por la pista alquitranada hasta el canal, cogemos dirección al cuadraillo, y al llegar a la cuesta cada uno a su paso, comienza el lloriqueo habitual de mi amigo Diego Parejo, que flojo estoy, no voy bien… llegamos arriba, reagrupamiento y el citado individuo sube la cuesta sin despeinarse y sin sudar, que arriscao!!!!! 


Reanudamos la marcha, haciendo el sube y baja del camino, pasamos por la cuesta de la novia, llegamos al entalle y hacemos el reagrupamiento acostumbrado y aquí es donde Esther y Mª Jesús continúan por la izquierda hacia castillejos y deciden proseguir solas. Nosotros continuamos por la derecha y comenzamos a subir, cada uno a su ritmo hasta culminar la cuesta, bajamos y en la cancela reagrupamiento, aquí comienza la odisea de Diego con su rueda tubeless. Diego se percata que la rueda de atrás esta floja, “pinchada? No puede ser si esta tubulizada!!!” dice Diego. La inflamos y zumbando, cruzamos castillejos, y aquí algunos abandonan el barco, Andrés con su hijo y cuñado, Oscar y no se si alguno mas. Seguimos el rumbo, pasamos la infernal y otra vez “la dorada” llevaba la rueda floja, comienza a cabrearse el susodicho (Diego), hasta se le pasa por la cabeza tirar la bicicleta al “lejío”, comienza el debate sobre si tiene líquido tubeless o no, esta claro que si no tiene líquido se desinfla, lo digo por experiencia, pero el doliente se mataba diciendo que tenía líquido, así que inflamos la rueda y zumbando otra vez.


 Llegamos al cruce de caminos, giramos a la izquierda para ir buscando la zona de Aljucén y otra vez la montura de Diego va con la rueda floja, así que a desmontar la rueda y a poner una cámara. Por fin descubrimos el misterio, no era líquido lo que llevaba, si no una pasta espesa, comienza el cachondeo... el mecánico se a quedado con el líquido y con las “perras”- jajaja- resuelta la cuestión y arreglada la avería, continuamos la marcha hacemos la subida, giramos a la derecha para meternos entre medio de los eucaliptos, seguimos la senda y volvemos a girar a la derecha continuamos y en el siguiente cruce torcemos a la derecha otra vez, subimos un poco y hacemos una bonita bajada, y nos reagrupamos. Seguimos la marcha, hacemos otra buena bajada nos volvemos a reagrupar en un cortijo que había a pié del camino y otro percance, esta vez no era Diego, Juanlu había pinchado, y dice la leyenda, que cuando pincha Diego Parejo pincha Juanlu también.


 Viendo la hora que era y mas o menos el sitio donde estábamos decidimos parar a comer. Rutina foto de familia y “machacado” el almuerzo continuamos la marcha, hacemos una buena bajada, cruzamos un riachuelo, o río Aljucen, perdón por mi despiste, y comenzamos a subir una buena cuesta, pero como dice el refrán, todo lo que sube baja, así que bajamos y nos volvemos a encontrar con el riachuelo, este sitio es conocido porque fué donde Paco Demontre se le cayeron las botas al agua.







 Esperamos a que le pasen todos y seguimos la marcha, antes de llegar a Valdelasyegua hacemos una subida y como esta sin bautizar me tomo libertad para hacerla el sacramento, como esta partida en dos por un falso llano, la voy a poner “la cuesta asquerosa” lo escuché alguno que otro decirlo mientras subíamos. Cruzamos la citada finca, nos encontramos con unas vacas que no oponen problemas, este tramo le hacemos rápido por llevar el aire de culo, aquí aparece el “tío de la marra” así que hasta llegar a castillejos nos reagrupamos alguna vez que otra. 



Pasamos los castillejos, el entalle, la cuesta de la novia y antes de bajar cuadraillo nos reagrupamos, una vez todos juntos iniciamos la cuesta a “tumba abierta” donde se consigue llegar a velocidades estratosféricas, cada uno a su ritmo llegamos al canal, nos volvemos a reagrupar y seguimos la marcha, cruzamos la autovia, y algo insólito en la peña, lo que antes al bajar el sajonia era rodar a la velocidad de la luz, aquí íbamos con el plato pequeño y a 17k/h!! Fue un espejismo, a la altura de la charca se empieza a oír los cambios, ahora si!! Velocidad de crucero, 34, 35, 36 k/h  hasta el pueblo. 


Paramos en la piscina para juntarnos con los más rezagados, subimos la cuesta del cuartel y a derechos a la plaza a “jartarnos” de radler o cerveza con el correspondiente aperitivo que nos obsequia Mari Carmen cada domingo.
Dicho esto, un placer haber vuelto

P.D: la semana que viene toca una especial del año, ruta a Guadalupe, así que la salida esta fijada a las 7:30h 

Crónica Pedro Collado "Rony"

jueves, 3 de marzo de 2016

LA COVATILLA: PERRIGALGOS EN LA NIEVE





https://youtu.be/F80gkD7IPpI
            https://youtu.be/FihtmfT6bAE
            https://youtu.be/qM7WnEeMW8c
            https://youtu.be/Fo-RXBgberU
            https://youtu.be/-hymwZPFc48
            https://youtu.be/Y58Y6NsP_oQ
            https://youtu.be/CH-wfzgfT9g
            https://youtu.be/sIMV6jsdTOs
            https://youtu.be/CdgLqkwNY_Y
            https://youtu.be/ScmTzK8L6M0
            https://youtu.be/w-vE4B6yzac
Regreso al grupo tras mi percance justo para la especial de La Covatilla y, cómo no, enseguida me pone Javielillo deberes, cumpliéndose la máxima de los que reaparecen.
Un año más nos aprestamos a pasar un fin de semana en Béjar, una experiencia que, a base de ganar adeptos año tras año, se ha convertido en clásica por derecho propio. Como en la última edición pasamos más frio que capando focas, se decidió retrasar este año la fecha con el propósito de tener una temperatura más benigna. Craso error. Y es que el fin de semana elegido ha sido, de largo, el más frio y desapacible, nevada incluida, de lo que llevamos de invierno.
El número de personal movilizado ronda los sesenta componentes que van saliendo del pueblo con cuentagotas, cada uno dependiendo de los horarios laborales que tengan. Los que salimos a las tres y media acertamos de pleno, pues llegamos justo cuando arreciaba el temporal, granizada y posterior nevada incluida. Los que llegaron después se encontraron con la carretera de subida al albergue completamente nevada, con los contratiempos y hasta peligro que ello acarrea. Al final, con mejor o peor suerte, todos llegamos con bien al destino. Para entonces la nevada era de campeonato, para solaz y contento de la chiquillería, que se lo pasa a lo grande.


El albergue juvenil Llano Alto es un vetusto edificio que fue en su día un sanatorio para tuberculosos. La verdad es que aquí el aire como sano es sano. Al parecer, cuentan los lugareños que ahí se oyen sicofonías y ocurren cosas paranormales, y dice la leyenda que en sus pasillos y recovecos se oyen susurros y lamentos, así como chirriar de puertas y ventanas sin motivo aparente. Bueno, la verdad es que el lugar da un poco de repelús. A primera vista se me vino a la cabeza la película de terror El Resplandor por su semejanza con aquellos larguísimos pasillos donde Nicholson acojonó a toda una generación con aquella cara de loco peligroso. Pero al final, y tras pasar dos noches entre esas paredes, yo solo pude escuchar la escandalera de los muchachos y, más de madrugada, los recurrentes resoplidos de algún roncador de los que estamos bien surtidos en la peña.
Una vez instalados tomamos posesión del recibidor. Instalados en una charla distendida, disertamos sobre la posibilidad cierta de no poder hacer mañana la ruta, a tenor de cómo pinta la cosa. Y es que el espesor de la nieve va subiendo y las previsiones para mañana sábado no son nada halagüeñas. Luis es el más “porculero” y no deja de sembrar cizaña y de intentar ganar adeptos para su causa, que no es sino la de abortar la salida.


Todos sabemos que aquí  está prohibido consumir bebidas alcohólicas y hacemos tiempo hasta que la responsable (una vieja carcunda emparentada con la señorita Rottenmeier ) termine su horario a las diez y nos deje vía libre. Cuando se va desplegamos una panoplia de licores de todo tipo que van desde la humilde ginebra que bebe el menda, hasta el elitista Cardhu que trasiega Diego.
LA RUTA
Tal y como habíamos acordado, a las ocho y media nos juntamos en el recibidor para sopesar si salimos o no. Es verdad que hace mucho frío y hay mucha nieve, pero no es menos cierto que el viento está en calma y, de momento, no parece amenazar nevada. La balanza está bastante nivelada entre los valientes y los “guevones”, y se barajan distintas opciones de rutas más cortas. En esas, vemos pasar un grupo de ciclistas que se han aventurado a salir y ese parece ser el aldabonazo para decidirnos a secundarlos.
Al final once intrépidos Perrigalgos tomamos la salida jaleados y…retratados por nuestras mujeres, que han tenido a bien acompañarnos en la salida. Con pies de plomo iniciamos la marcha por un paraje nevado que se asemeja a una postal navideña. 



Los primeros momentos son de asombro y deleite por la contemplación de la estampa de un camino impoluto y sin mácula, jalonado de robles desnudos con las ramas llenas de nieve. Pero suele decirse que la nieve se disfruta un momento  para pasar a sufrirla sin solución de continuidad. Y pronto nos ocurre lo propio cuando nos acucian los primeros problemas, como la imposibilidad de calzarse las calas, las ruedas a rastras atascadas de nieve o las subidas, donde hemos de echar lie a tierra (a nieve quería decir) y andar varios kilómetros hasta llegar al embalse de Navamuño.




 Se trata de una presa sobre el río Cuerpo de Hombre que abastece a una treintena de poblaciones de la comarca de Béjar.



Unas veces montados y otras andando llegamos a una carretera que baja hasta Candelario, pero que no ha sido limpiada por los quitanieves. Antes de continuar nos despojamos por un momento de cualquier prejuicio y ahí nos vemos revolcándonos en un mullido manto de nieve de más de un palmo y lanzándonos  bolas de nieve como chiquillos.



 Una foto del grupo y nos lanzamos para abajo, tomando las precauciones necesarias para evitar cualquier percance. Ya en Candelario, que presenta otra estampa de ensueño, sopesamos qué hacer y decidimos subir a la Plataforma, toda vez que la carretera se encuentra limpia de nieve. Son siete kilómetros de ascensión que hacemos en plan relajado, aunque el grupo se parte en dos. Y es que un grupo de Perrigalgos no sería tal sin alguna que otra cabrita coja. Arriba nos calentamos en la cafetería con un colacao mientras esperamos a los rezagados.


Bajamos para abajo y en un santiamén volvemos a Candelario, para continuar camino de la meta, a la que llegamos a la una y media con una treintena de kilómetros recorridos y la satisfacción por lo exitoso de una etapa que tenía muchos condicionantes adversos.


Nos cuentan que el grupo de senderistas formado por las Perrigalgas y pastoreadas por Joaquín, Nico, Javi y Chiqui, haciendo las veces de “mansos”, también han culminado su aventura con éxito y han disfrutado de una experiencia que les quedará en la retina para siempre.
Nos damos una reparadora ducha y nos tomamos unas cervecitas que sacamos directamente de la “nevera” (léase el seto nevado que está junto a los aparcamientos). 

Después de comer, los unos de “jondean” en la galguera a dormir la siesta, y los otros nos bajamos a Béjar a ver el derbi entre el Real Madrid y el Atlético, un partido que terminó con victoria para los colchoneros y del que prefiero pasar de puntillas por no recrearme en la suerte y herir sensibilidades, que los hay muy susceptibles. Ya de vuelta nos enseñan las fotos de los camastrones que han dormido la siesta (Juanlu, el Demontre, el Chino…) y que han sido pillados en brazos de Morfeo, en lo que se podría denominar como una acción punible en el código penal como un flagrante allanamiento de morada. Ahí queda eso.


El descanso del Guerrero

El grupo se divide de nuevo y mientras unos se recrean zascandileando por el albergue, otros nos vamos a Candelario a tomar unas copichuelas por un pueblo con enjundia, tocado por méritos propios con la varita mágica del turismo.
Tras la cena, de nuevo se congrega el personal en el recibidor en una distendida sobremesa, presidida por el desenfado, donde no hay lugar para la menor disputa o disensión. Estamos en un ambiente relajado y no nos apercibimos siquiera de la prohibición de tomar alcohol. El güisqui, el ron y la ginebra pasan de mano en mano como si tal cosa. En un momento dado el responsable que atiende en la recepción se nos acerca y nos espeta, lacónico, a quemarropa, señalando las botellas con el dedo índice enhiesto: “Tengo que dar parte”. El personal ni se inmuta y nos viene a las mientes aquel otro menda del Jerte que nos “amenazó” con los aspersores. Y es qua, a este paso, corremos el riesgo de ser declarados peña “non grata” en media Extremadura. ¡Cuánta incomprensión… y cuánto pamplina suelto!


Cuando la mayoría se retiran a dormir, nos quedamos unos cuantos (Andrés, Demontre, Juanlu, Pablo y yo) (siempre le pasa lo mismo a los mismos) a echar la “arrancaéra”. Y se produce de manera espontánea uno de esos escasos  momentos donde se está a gusto, y el maridaje con el alcohol eclosionan en unos instantes sublimes donde no anda lejos el nirvana. Nos enfrascamos en una sesuda disertación sobre la darwiniana teoría sobre la evolución de las especies, tomando a modo de símil la metamorfosis de un chimpancé que evoluciona hasta convertirse, por arte de birlibirloque, en un gorila de lomo plateado. Es una alegoría que no entenderán los que no estuvieron en el ajo. En fin, qué más da.
Al día siguiente recogemos los bártulos y el personal enfila hacia La Covatilla. Es el día de los niños, donde se lo pasan como los indios. Y es una de las razones por las que ésta especial se ha convertido en clásica. 
Hasta la próxima, “correliebres”.
Crónica Pedro Carrasco