viernes, 23 de octubre de 2009

DESDE CAÑAMERO A GUADALUPE, VENGO POR TODA LA SIERRA.


Domingo, 18 de Octubre de 2009
ASISTENTES A LA RUTA:

Vanesa Aparicio
Juan Luis Capilla Camacho
Pedro Carrasco Cuesta
Pablo Carrascosa Sánchez
Miguel Angel Casado
Paco Cidoncha Carrascosa
Vanesa Dorado
Gloria Martín Muñoz
Juan Carlos Muñoz Tapia
Domingo Pablos Bautista
Diego Parejo Jiménez
Javi Parejo Jiménez
Amparo Sosa
Esther (Mujer de Diego)

Comentario:
Como no solo de pedalear vive el hombre, un grupo de Perrigalgos se disgregaron este domingo de la actividad habitual, y optaron por algo tan ancestral y primario como imitar a Kun-Fu, o sea, ir un rato a pie y otro caminando.
A tenor de lo que disfrutó la gente, me atrevo a pronosticar que actividades como esta volverán a repetirse, aunque solo sea de forma esporádica; y quién sabe si esta peña, que nació con la exclusividad de la bici como herramienta de motricidad, no pueda derivar, andando el tiempo, en un híbrido de senderismo y cicloturismo.
Salimos de la plaza en varios coches un grupo formado por 9 hombres y 5 mujeres. Cuando llegamos a Cañamero e iniciamos la marcha eran las 9, hora en que casualmente en sincronía, aunque solo fuera por coincidencia o por simpatía patológica (quién sabe), arrancaban también desde el paseo un grupo de 8 Perrigalgos con las bicicletas, como nos informó Andrés por el móvil.
Partimos pertrechados con cañas, palos improvisados, bastones o varas de las que usan los peregrinos como adminículo, y lo primero que hacemos es equivocarnos de camino, lo que nos obliga a volver sobre nuestros pasos y perder media hora preciosa.
Nos entretenemos unos momentos en una cueva denominada La Chiquita. Algunos le encontraron similitudes con nuestra cueva de Periquito. Enseguida Paco nos apremia con su sempiterno y certero aserto: “Vamos andando, que la cabra coja no quiere siesta”.
Buscando la ruta correcta, Domingo se arranca con un par de chistes que pueden ser, sin pecar de exagerado, coetáneos de Matusalén. Primero nos cuenta el del búho y remata la faena con el de las patatas; aquél paisano que fue a comprar patatas y creyó que le habían engañado en el peso, y que, tras llevar el saco al hombro un buen rato, mudó de parecer y pensó que realmente el dependiente le había echado patatas de más.
Por fin encontramos el sendero, tras cruzar una piscina natural en el río Ruecas, y a partir de ahí solo tenemos que guiarnos por los colores rojo y blanco pintados a trecho en piedras, árboles y maderas.

Subimos en fila india por una vereda empinada y pedregosa, buscando la presa llamada Cancho del Fresno. Después de bordear el pantano por una pista de tierra, comienzan de verdad las “hostilidades” (léase dificultades), cuando dejamos el camino y cogemos una vereda donde hay una inscripción que dice: “Ruta de Isabel la Católica”.
El día es soleado y el personal se aligera de ropa. Yo maldigo el no haber echado un pantalón corto, y tengo que conformarme con remangarme hasta las rodillas el chándal.
Llegamos a la llamada Cruz de Andrada, donde cuenta la historia que unos salteadores de caminos, allá por el año 1844, atracaron a un recaudador de impuestos llamado Sebastián Andrada y le quitaron no solo la bolsa, sino la vida también.

Siguiendo la ruta, el sendero se vuelve por momentos más duro y empinado. Se me ocurre que no sé cuánto tendrá de cierto (o de leyenda) el que Isabel la Católica pasara por aquí subida en unas parihuelas, pero yo, escéptico por naturaleza que soy, pienso que es una puta mentira. Pero lo que sí es del todo cierto, es que lo que dicen que hizo la reina encaramada en unas angarillas, lo hemos hecho nosotros andandito, con dos cojones (bueno, las mujeres con un par de ovarios bien puestos).
Pablo, que ha hecho antes este camino, hace de vez en cuando de cicerone poniendo en antecedentes al grupo.
Pronto llegamos a otro punto señalado del recorrido, el llamado eufemísticamente “Melonar de los Frailes”. Es un barranco en el que, de forma inopinada, hay un montón de peñascos sueltos que no acierto a saber cómo han llegado hasta aquí. Tan solo se me ocurre que pueda tratarse de los restos de un glaciar, y que estas piedras sean la morrena que ha arrastrado a lo largo de milenios desde el pico llamado del Águila. Alguien dice, con sorna, que justo aquí fue donde se mataron dos frailes a pellizcos.
Seguimos avanzando por la ladera de un frondoso barranco jalonado de madroños, robles, castaños y cerezos, con un silencio roto solamente por las esquilas de un rebaño de cabras que pastan a lo lejos.

Inmersos en un mar de helechos de un metro de altura, se comenta sobre lo que parece a todas luces una incongruencia: que la patrona de Extremadura tenga que pertenecer nada menos que a la diócesis de Toledo. Eso puede ser, ya metido en temas teológicos, como los designios del Señor, que son inescrutables.
Llegamos a una alambrada donde se encuentra otro lugar emblemático de la ruta: el castaño El Abuelo, un ejemplar milenario con un tronco gigantesco, hueco en una de sus partes. Como a medida que voy cumpliendo años me estoy volviendo más sensible (que no sensiblero) y fetichista, cojo una castaña del árbol y me la guardo como recuerdo.

Según dice una señal llevamos recorridos 9 kilómetros (los más duros) y nos restan 6 (los más fáciles), así que decidimos hacer la preceptiva parada para descansar y comernos un, hoy más que nunca, merecido bocadillo. Diego se come dos y, haciendo un símil con los coches de Fórmula 1 cuando paran a repostar en las carreras, comenta: “Es que yo voy a una sola parada”.
Todavía sentados departiendo de manera distendida, empiezan a desfilar delante nuestra una heterogénea retahíla de peregrinos que venían siguiéndonos los talones. Domingo le hace notar a uno de ellos que lleva dos varas, una en cada mano. Y el hombre cincuentón, pingandito de sudor y con voz entrecortada, suelta la ocurrencia del día: “¡Anda cojones! ¡Y porque no soy un pulpo, que si no llevaría ocho!”.

Paco vuelve sobre las malas migas que hacen las cabras con la siesta, y el grupo se pone en pie. Antes de iniciar la bajada, hecho una última ojeada a las vistas de ensueño que se ven desde aquí de la agreste comarca de Las Villuercas.
Se alternan ratos de charla con momentos de silencio, donde cada cual se empapa del paisaje y de una intangible paz interior, antídoto perfecto contra el estrés y bálsamo para excesos de alcoholes y toxinas.
Bajando por un camino ancho se forman tres grupos. Javi le pregunta a Juan Carlos que qué se le da mejor, la bici o andar. El interfecto responde que andar y apostilla: “Vamos, cada vez va uno más para atrás. Lo próximo es la petanca”
.
A Miguel Ángel Casado hace tiempo que se le han despegado las suelas de los botos. Viendo las suelas separarse del tacón a cada paso, alguien comenta con jocundidad: “A quién se le ocurre venirse en chanclas”. Y otro, abundando en la chanza, remacha: “Cuando te vean en Guadalupe dirá la gente: ya vendrá de lejos ese peregrino, que mira cómo trae los botos”.
Al pasar por la ermita de Santa Catalina, ya con la puebla a tiro de piedra, el grupo camina con nuevos bríos. Entramos en la villa por callejas estrechas y empinadas; le dan a las rúas una raigambre de añejo encanto los vetustos balcones de madera, ornados con tiestos de geranios y hortensias. Callan las bocas (acaso por la emoción) y solo hablan los báculos, golpeando el empedrado de forma acompasada.

La presencia de la plaza, presidida por lo imponente del real monasterio, nos reconforta. Cuando entramos en la iglesia abarrotada, el oficiante lee la carta de San Pablo a los corintios (¿o eran los efesios?). Al salir, minutos después, esta diciendo: “Señor, que dijiste a los apóstoles...”.
Nos fotografiamos en la escalinata y vemos a varios paisanos, de los que han venido andando desde el pueblo. Uno de ellos es Flore (al que no vemos), un egregio Perrigalgo, ferviente todoterreno, curtido en éstas lides, y con más tiros pegados que la ventana de un sheriff.
Felizmente cansados y con las cinco Perrigalgas que han superada la prueba con nota, nos disponemos a tomarnos unas cervezas. Y es que pocas cosas hay en el mundo tan placenteras como el primer trago de una cerveza bien fría en un día caluroso; yo solo concibo tres cosas que puedan superarlo. A saber: comer, cagar y follar.

Como corolario, decir que no es un panegírico gratuito si digo que he disfrutado en esta ruta como un enano, y que me lo he pasado de puta madre.

PEDRO CARRASCO CUESTA.

lunes, 19 de octubre de 2009

CALZADOS CON HISTORIA


Domingo, 19 de Octubre de 2009

Asistentes a la ruta:
Emiliano Andrade
Juanma Barroso
Jesús Beltrán
José Carlos Escobar
José Mari Garrido
Antonio Indias
Moisés López
Lalo Muñoz
Andrés Nieto

Hora de salida: 9:00 h.
Hora de llegada: 12:35 h.
Tiempo empleado: 3 h y 5 min
Velocidad Máxima: 61,50 Km/h.
Velocidad Media: 20,80 Km/h.
Distancia recorrida: 62,700 Kms.

Recorrido: Plaza de España, Ctra Ex-206, camino del Búrdalo, Finca las Monjas, Mina La Parrilla, Ctra de Arroyomolinos, Arroyomolinos de Montánchez, Almoharín, Pistas hasta la ermita de Sopetrán, Pista de Servicio de la Autovía, Conquista del Guadiana, Pista de los viveros (Malmedra), camino del Río Búrdalo , Ctra Ex 206, Plaza de España.

Comentario:
Mañana de Domingo fría, que va anunciando los rigores propios de la estación Otoñal.

Realizada mi habitual salida de casa, con la hora pegada al culo, en la puerta me encuentro con Moi que va raudo y veloz hacia nuestro punto de encuentro en la plaza.

Mientras nos vamos acercando a la plaza, voy comentando con Moi lo fresco de la mañana, y ante la poca equipación contra el frío que llevo, decido dar media vuelta para calzarme al menos los manguitos de la peña, que por cierto estaban sin estrenar aún en su bolsa original, que en algo aminoran los efectos del frío otoñal reinante.

Reunidos en nuestra Plaza, una representación menor de lo habitual del grupo de bicicleteros. se comenta que las ausencias son debidas sobre todo, a la marcha andando, que bastantes componentes habituales, realizaban a Guadalupe siguiendo el antiguo camino de Isabel la Católica.

Una vez analizada la situación de la jornada y del grupo, Jesús Beltrán propone realizar la ruta hasta Arroyomolinos de Montánchez por la Mina de la Parrilla y volver por Almoharín y la Ermita de Sopetrán. Nadie del grupo puso ningún “pero” a la opción propuesta y con esa firme proposición partimos los nueve componentes reunidos en esta fresca mañana.

El grupo rueda compacto por la carretera y despues en pararalelo al cauce del Búrdalo aguas arriba hasta llegar al Cruce del “Huerto Juárez”, virando después en dirección a la Finca “Las Monjas”, para a continuación cruzar la autovía y tomar el camino de la Mina de la Parrilla, para no abandonarlo hasta llegar a Arroyomolinos de Montánchez.

Al llegar al cortijo de Valdecabreros, próximo a la Mina de la Parrilla, Antonio comenta que tiene que darse la vuelta y José Carlos que no quería llegar tarde a casa, se une a Antonio y ambos deciden volver de recogida al pueblo con prontitud.

El mermado grupo se reagrupa en la puerta de acceso a la finca “Los Castillejos” antes de enfrentarse al último repecho de la “Cuesta del Quinto Pino”.

A toda velocidad el pequeño grupo desciende, y debido a esta alta velocidad (61,5 km/h) se produce el estiramiento del grupo, que se reagruparía al llegar al cruce de Arroyomolinos.
En un principio se plantea la posibilidad de no entrar en el pueblo, pero Juanma comenta que él no conocía la población y le gustaría visitarlo, por lo que emprendimos marcha hasta la “Iglesia de la Consolación” de Arroyomolinos haciendo una pequeña ruta alrededor de la misma, así como la foto de rigor.


Alguien se percató, sobre lo curioso de unos zapatos colgados de un cable y que según parece era debido a una tradición de los “Quintos” del pueblo. Curiosa y bonita tradición, extinguida de nuestros pueblos al desparecer la tan querida, como denostada y contada “mili”, y por tanto el "tallaje" que se realizaba a los mozos que se incorporaban a filas.

A titulo de anécdota referir el porque del nombre de “Quintos”, término que proviene de la obligación del cumplimiento del servicio militar de uno de cada cinco varones en el S. XIII.

La jornada bicicletera, parecía querer girar en torno al calzado, pues Andrés que estrenaba zapatillas, no parecía muy conforme con la numeración que había adquirido y me hizo probármelas para comprobar que está, fuera correcta, al coincidir ambos en el número de calzado que usamos, de ahí, que en la foto yo saliera de esa guisa, con los pies descalzos o mejor decir en calcetines.

Una vez probada las zapatillas, no me quedo más remedio que sacarle de su duda y comentarle que más que zapatillas, había comprado unas albarcas debido a lo grande que “le” y “me” quedaban.

Una vez el grupo decide reemprender la marcha, Lalo que desde que llegamos a Arroyomolinos, parecía empeñado en caerse. Al salir de la plazoleta de la Iglesia, traba la rueda con la rueda de Juanma que estaba parado, pegándose un buen castañazo y haciéndose una buena herida en la espinilla, ¡Con lo que duele¡ . Juanma, también se hizo alguna pequeña contusión pero de menor importancia.

Una vez repuesto Lalo, y antes de que se enfriara del golpe, partimos en dirección a Almoharín, que debido a la carretera de buen asfalto y fácil rodar nos pusimos rápidamente en el pueblo, el cual bordeamos y de ahí a Sopetrán por caminos.

Conforme la mañana avanzaba comenzaban a sobrar todos los zarrios que llevábamos para salvaguardarnos del matinal frío, que había ido desapareciendo conforme avanzó el día.

El grupo rueda compacto, quedándose algún componente un poco descolgado, pero reagrupándonos de forma regular cada cierto tiempo.

Durante el trayecto, Andrés que no había dejado el tema del problema de numeración de sus recién adquiridas zapatillas, trata de buscarle una solución y nos plantea la solución de hacer una exhaustiva limpieza de las mismas e intentar un cambio de numeración en la tienda.

Al grupo no nos parece mala idea, y entre todos cual “marujas” en conversación profesional, comenzamos a darle consejos y trucos de limpieza de lo más variopinto. Esperemos que estas recomendaciones “marujiles” le hayan servido para resolver el dilema de la numeración de las zapatillas.

Continuamos el trayecto por las cercanías de Conquista y despues por la pista alquitranada que discurre por la finca de Malmedra próximo al río Búrdalo.
Llegados al puente y una vez cerca de Santa Amalia, nos reagrupamos, para hacer entrada en nuestro pueblo, aunque algunos atrocharon por la calle del Salón Moderno y la mayoría por la Calle José Gutiérrez como es habitual.

Y después de refresco y bocadillos “cada mochuelo a su olivo.”

Nota: Escribo bocadillos en plural, porque debido a la poca concurrencia de participantes en esta salida y ante la falta de información que manejaba Alejandro, resulta que MariCarmen había preparado la ración habitual de bocadillitos, por lo que escapamos de p.m.

Por Emiliano Andrade.

miércoles, 14 de octubre de 2009

De Doce me llevo uno


Domingo 11 de Octubre de 2009
Asistentes a la ruta:

Emiliano Andrade Rodríguez
Jesús Beltrán Simón
Pedro Carrasco Cuesta
Pablo Gallego Casillas
José Joaquín Gallego García
José Maria Garrido Parejo
Moisés López Calle
Domingo Pablos Bautista
Jesús Palomo (de Badajoz capital)
Diego Parejo Jiménez
Javi Parejo Jiménez
Y el primo de Pedro López, de Valencia. (abandono)

Tiempo empleado: 3 horas y 3 minutos.
Velocidad Máxima: 39,8 km/h
Velocidad Media: 21 km/h
Distancia recorrida: 49,300 km

Comentario:
En el mismo sitio y a la misma hora (como reza un cantar) se dan cita los Perrigalgos para hacer la acostumbrada ruta dominical. Las dos bodas del sábado, algún cazador que desempolva la escopeta y alguna otra celebración que se me escapa, han diezmado el pelotón y cuando se da el banderazo de salida tan solo nos hemos juntado una docena; y eso que había un par que no eran Perrigalgos propiamente dichos, sino “arrimados” venidos de fuera que tuvieron a bien acompañarnos.
Se comenta la aventura del domingo pasado a Guadalupe, culminada con éxito.
A la hora de marcar la ruta del día, Moisés se apresta a decir: “Vamos a hacer la del Quinto pino”, y todo el mundo dice amén.

Al momento de ponernos en marcha, apenas pasada la “Cruz de los caídos”, un silbido premonitorio sale de la rueda trasera de Moisés. No hay lugar a dudas: se trata de un pinchazo en toda regla, que queda registrado en los anales de la peña como el más precoz de su corta pero intensa historia. Es una especie de alambre retorcida la que se ha clavado en la rueda de manera inverosímil, y alguien incluso se encarga de inmortalizar el momento con una foto. “La rueda registraba un orificio de entrada y salida”, como diría un hipotético parte médico.



Subsanado el tempranero altercado, ponemos rumbo hacia El Sajonia y el Canal de Orellana.

Enseguida giramos a la derecha para atacar la cuesta del Cuadradillo, un repecho largo y tendido que hace sudar tinta hasta al más avezado “bicicletero”.

Cuando llegamos arriba, los más “poderosos” esperan a los menos “pudientes”. Allí nos enteramos de que hemos perdido un número. Ha sido uno de los Perrigalgos “postizos”, que no había calibrado bien la dificultad de la empresa en la que se había embarcado, y ha preferido tomar las de Villadiego. Dice el Tato con su peculiar dicción: “A mí no me dio buena espina cuando me preguntó hace un rato que qué piñón tenía que poner cuando empezaran las cuestas”.

La verdad es que si el muchacho no sabía ni tan siquiera la primera lección de la primera cartilla (mi mamá me mima, mi mamá me ama), tampoco podía llegar muy lejos.
De nuevo en ruta, los once Perrigalgos supervivientes pedalean a buen ritmo por un monte que se nota que agradece las últimas lluvias caídas. Unas pequeñas florecillas violetas (me parece que son lirios) han brotado, como un sarpullido de color, y jalonan los márgenes del camino.

En un momento dado alguien comenta que “El quinto pino” queda pared por medio con “El quinto coño”, y plantea una ruta alternativa que recorte y/o suavice en parte el recorrido. Emiliano es el primero que se apunta a la idea y otros le secundan. En un momento se da luz verde al nuevo e improvisado recorrido, que discurre por La Reyerta, la finca El Mentidero, Los lomos de un tal Guillén y no sé cuántos sitios más.



Domingo, ante mi recurrente despiste, me pone en situación de dónde nos encontramos y dice, señalando con el brazo: “Allí de frente, Trujillanos; un poco más a la izquierda, la presa de Cornalvo, y a este lado, San Pedro”.
Paramos para el refrigerio (y el retrato) en una hondonada pedregosa, por donde discurre el cauce seco de un arroyo que alimenta el embalse de Cornalvo.

Se comenta la última “parida” del presidente del Barcelona, un cerdo separatista y sectario que ha llamado por su mismo nombre (el muy imbécil), a nuestro presidente de la Junta.

Se desprende de la botella de Acuarius de la que bebo la pegatina y se cae al suelo. Enseguida me reconviene Domingo, con buenos modos y mejor criterio, para que la recoja y me la guarde. Y es que los Perrigalgos, además de llevar a gala el lema de “sí al compañerismo y no a la competitividad”, hemos de demostrar un acendrado celo por la limpieza de la naturaleza.
A punto de arrancar de nuevo, el Tato comenta con sorna: “Chacho, tener cuidao que vamos a pasar por una finca de caballos, donde hay un burro entero que gasta un zupo negro más grande que la manga de una pelliza llena de membrillos”.
Pasamos bajo una línea de alta tensión que mancilla un paraje idílico (que diría un pamplinoso repipi) y que le sienta como a un santo dos pistolas, mientras devoramos kilómetros por caminos serpenteantes con tendencia al descenso.

Abrimos portones, pasamos debajo de cadenas y hasta, como si fuéramos improvisados almonteños en madrugada rociera, “saltamos la verja”. Es un portalón de hierro, cerrado con un candado, que nos obliga a saltarlo. Es Javi el que, subido a horcajadas encima de la verja, pasa una a una las bicis por arriba. Se especula sobre lo público o particular del camino, pero nadie acierta a saberlo a ciencia cierta; aunque yo deduzco que cuando hay una verja con un candado...

El grupo ha vuelto a disgregarse y nos reagrupamos cuando llegamos al Canal de Orellana, apenas a un kilómetro de donde finaliza, tras 112 kilómetros de recorrido desde que sale del pantano de Orellana. Jesús, que es de los rezagados, comenta acezando entre jadeos y en un tono con trasfondo de broma: “Esto, más que compañerismo, a mí me parece que es una jerarquía”. Quería decir anarquía pero... Y el Tato, siempre ocurrente, remata: “Ya os tengo yo dicho que esto, más que un grupo, es una piara”. No necesitó matizar de qué, porque las piaras casi siempre son de guarros.

Ya cerca del pueblo, Diego comenta al grupo: “Aflojad, que falta el Triqui”. Al principio no me percato de lo que quiere decir, pero esbozo una sonrisa cuando caigo. Como se apellida Beltrán, le llaman cariñosamente con el apelativo del que fuera un gran ciclista, el Triqui Beltrán.
Mientras Moniato nos da de beber (y de comer), se comenta sobre lo que se tiene pensado hacer el próximo domingo y los que se van a apuntar. Se piensa ir en coche hasta Cañamero, y hacer a pie los quince o veinte kilómetros que restan hasta Guadalupe; es por cambiar de actividad o, si se quiere, no caer en la monotonía. Pues me parece muy bien.

PEDRO CARRASCO CUESTA

lunes, 5 de octubre de 2009

Ruta a Guadalupe


Asistentes a la ruta:

Emiliano Andrade Rodríguez
Florencio Benítez-Cano
Juan Luis Capilla Camacho
Pablo Carrascosa Sánchez
Paco Cidoncha Carrascosa
Pedro Cuesta Flores
José Carlos Escobar Dorado
José María Garrido Parejo
Pablo Gallego Casillas
Antonio Indias Fernández
Alberto López Fuentes
Moisés López Calle
Gerardo Muñoz Lozano
Juan Carlos Muñoz Tapia
Andrés Nieto Cortés
Domingo Pablos Bautista
Javi Parejo Jiménez
Diego Parejo Jiménez

Invitado de honor:
Antoñito Nieto Herrera

Coche de apoyo:
Pedro López Fuentes
Y su primo, el de Valencia.



Faltan a esta ruta:
José María Almaraz Luna
Juan Manuel Barroso Morcillo
Jesús Beltrán Simón
Pedro Carrasco Cuesta
Pedro Dorado Mera
José Luis Jiménez Dorado
José Joaquín Gallego García
Mario Muñoz Tapia
Marcos Nieto Dorado

Transporte:
Camioncillo Almacenes Carrascosa
Domingo, 4 de octubre de 2009

Tiempo empleado: 5 h. 01 m.40 s.
Velocidad Máxima: 63 Km/h.
Velocidad Media: 22,5 Km/h.
Parciales: 105 Kms.

Recorrido: Plaza de España, Calle José Gutiérrez, Carretera de Cáceres, Nacional Cuatrocientos Treinta, Hernán Cortés, Ruecas, Valdivia, Gargáligas, Acedera, Obando, Guadalupe.
Comentario:
Una jornada estupenda de pedaleo y de cicloturismo, con el aliciente inesperado de recibir de Fray Guillermo Cerrato Chamizo, Rector del Santuario de Santa María de Guadalupe, la CREDENCIAL GUADALUPENSE, por haber peregrinado a Guadalupe en este Año Jubilar Guadalupense, a pesar de que como bien diría Andrés pocos méritos hemos hecho para recibirla, ya que ni siquiera escuchamos misa, salvando el esfuerzo del pedaleo, que para unos ha sido un simple paseo y para otros, en cambio, ha sido un poco más penoso.
La mañana amaneció estupenda, con un poco de fresco, para que algunos Perrigalgos nos pusiéramos una doble prenda o los manguitos para no pasar frío a primera hora, y a medida que subía el sol y calentaba algo más cada cual se iba despojando de dichos complementos.

Dieciocho Perrigalgos salimos de la Plaza, una vez que José Mari nos hiciera la foto de salida con la perrita incluida, a pesar de que han salido un poco oscuras pues aún no había amanecido del todo. Por cierto que a la perrita le han salido los ojillos brillantes como si de dos luciérnagas se tratara.

Diecinueve Perrigalgos llegamos a Guadalupe, luego de que un Perrigalguillo se incorporara al grupo en el último tramo, a partir del puerto y que nos llevara a “carajo sacao” con una bicicletilla tan pequeña.


El grupo pedaleó con una homogeneidad placentera durante los primeros kilómetros y a un ritmo nada despreciable que marcaban los jefes de fila, en este caso Domingo y Flore, hasta que ocurrió el primer percance que a pesar de todo no hubo que lamentar, pues todo se quedó en el susto. Por el repecho que hay antes de llegar a la Encomienda, pasado el cruce de Rena, Antonio Indias se nos cayó de la bicicleta por mirar para atrás, haciendo el “afilador”, y se dio un buen costalazo, que como digo fue más el ruido que las nueces, afortunadamente.

De nuevo tiramos muy bien hasta la primera parada que hicimos para el avituallamiento, que fue en el cruce de Obando, donde nos comimos casi todos los plátanos de Canarias y barritas energéticas y donde bebimos Acuario sin miedo y rellenamos las bombonas de agua.

Con las energías recobradas, seguimos pedaleando de manera uniforme hasta el kilómetro quince aproximadamente, donde el desnivel se hace un poquito más pronunciado, y el grupo se fue estirando poco a poco. Por fin, dos kilómetros después, en el cruce de Logrosán, comienza lo verdaderamente empinado del recorrido, tres o cuatro kilómetros más o menos, donde cada cual subió a su ritmo.

Algunos compañeros volvieron para atrás para ayudar y animar a los que venían algo más retrasados. Cuando conseguimos reagruparnos de nuevo, volvimos a pedalear más o menos al mismo ritmo para salvar la recta “pestosa” que tan poco le gusta a nuestro compañero Domingo, pero que en este caso, se hace mucho más llevadera porque casi no se percata uno de ella con la charla y la compañía.

Yo me había adelantado porque tenía ganas de pedalear, con el fin de volver de nuevo con el grupo, pero me encontré un grupo de jinetes con sus respectivos caballos y unas buenas “jacas” que venían de Navalvillar del Pela, y habían parado a tomar un pequeño refrigerio.

Por entonces andábamos ya por los setenta kilómetros más o menos y algunos compañeros se les iba haciendo algo más pesada aquella marcha. Unos se defendieron bien con los ánimos y ayuda de otros. A Juan Carlos hubo que prestarle alguna ayuda facultativa pues se le sobrecargó ligeramente el cuadricep y casi no podía dar pedales.
Por fin los expertos en masajes consiguieron que pudiera reanudar el pedaleo, hasta llegar al Puerto, porque a partir de allí la cosa fue mucho más llevadera, con una bajada formidable y un tramo de Vía del Tren, hasta llegar a Guadalupe. Nos reagrupamos de nuevo en la calle, para llegar todos juntos a la Plaza de Santa María de Guadalupe, en medio de una ovación de aplausos de las familias qua allí nos esperaban.



Besos, abrazos, saludos y fotos, muchas fotos hasta que conseguimos colocarnos para la foto del grupo en las escalinatas del Monasterio.


Luego nos fuimos a las duchas para el aseo personal, y una vez que terminamos comenzamos a desfilar camino de la Piscina Siloé, donde habíamos de merendar. Pensaban echar las bicicletas en el camioncillo en la explanada donde paran los autobuses, pero yo me dejé de caer y me fui con la bicicleta hasta el restaurante, y poco después todos los demás siguieron mis pasos apareciendo por allí en bicicleta, pues se percataron que no había que dar pedales.



Nos tomamos unas cervecitas en la barra, y seguidamente pasamos al comedor, que es el mismo bar, con unas separaciones prefabricadas con sencillez y buen gusto a base de unos lienzos de colores colocados sobre unos marcos de madera que hacen de biombos.


El menú no estuvo nada mal, una paella muy rica, para mi gusto a pesar de no ser yo paellero, y una carne en salsa o caldereta que estaba buena, pero posiblemente pecara algo en los guisos un tanto fuertes.

También el comedor hicimos bastantes fotos y repartimos las Credenciales que todo el mundo agradeció tanto, pero especialmente Diego y Javi, que por fin se sacaron en parte la espina de no haber recibido la Compostela en su Primer Camino de Santiago.


Acto seguido regresamos a casa cada cual por libre, quedando en reunirnos de nuevo en la parada del autobús para bajar las bicicletas.
Se habló de parar o no parar por el camino, y al final se decidió que no se paraba y que íbamos directos a la parada antes dicha.
Alberto, Moisés, Lalo y yo llegamos los primeros y estuvimos esperando un rato prudencial, hasta que alguien nos dijo que había adelantado al camioncillo por el cruce de la Encomienda, así
que ya no tardaría mucho.


Pero nos equivocamos de lleno, porque tardaron de lo lindo, pues al parecer habían parado en algún lugar y nos tuvieron esperando una hora larga.
Esperemos que un hecho de estas características no se vuelva a repetir, pues bien es sabido de todos, que este grupo cicloturista se caracteriza precisamente por el compañerismo y el respeto a todos sus componentes.
En esta ocasión nos encontramos seis matrículas ante el asombro de aquellos que les cuesta trabajo creer que puedan perderse tantas matrículas de los coches.
Matrículas: E 4711 FZW, E M 7801 ON,
E 8212 DZY, BA 4019 AB, otra incompleta:
E 3795 y una de moto con el piloto rojo incluido: E 8747 FSV.

Flore

lunes, 28 de septiembre de 2009

JUEGO DE ORIENTACIÓN



domingo 27 de septiembre de 2009

Asistentes a la ruta:
José María Almaraz Luna
Emiliano Andrade Rodríguez
Juan Manuel Barroso Morcillo
Florencio Benítez-Cano
Juan Luis Capilla Camacho
Pablo Carrascosa Sánchez
Paco Cidoncha Carrascosa
Pedro Cuesta Flores
José Carlos Escobar Dorado
Pedro Dorado Mera
José María Garrido Parejo
José Joaquín Gallego
Pablo Gallego Casillas
Antonio Indias Fernández
José Luis Jiménez Dorado
Moisés López Calle
Juan Carlos Muñoz Tapia
Mario Muñoz Tapia
Andrés Nieto Cortés
Javi Parejo Jiménez
Diego Parejo Jiménez

Domingo, 27 de septiembre de 2009

Tiempo empleado: 2 h. 1 m. 22 sg.
Velocidad Máxima: 46,5 Km/h.
Velocidad Media: 18,5 Km/h.
Parciales: 37,55 Kms

Recorrido: Plaza de España, Carretera de Cáceres, Sajonia, Pista del Canal, Camino de Cuadradillo, Camino de Alico, Los Pinos de Alico, Regreso al Sajonia, Subida a San Isidro, Bajada por el Camino Viejo, Huerto Juárez, Ribera del Búrdalo, Carretera de Cáceres, Plaza de España.

Comentario

Antes de nada, y aunque ya se llevó sus merecidos aplausos en la sede de la Peña, me parece oportuno, porque sé positivamente que todo el mundo estará de acuerdo conmigo, en quedar constancia por escrito en el Comentario del día de hoy: de nuestro más sincero agradecimiento a nuestro compañero

José Carlos Escobar Dorado

Por lo bien que se lo ha currado. Nos ha hecho pasar unos momentos inolvidables con este Juego de Orientación, a costa de quedarse él al margen de la participación y estar pendiente de todos nosotros para que saliera lo mejor posible. Mejor no ha podido salir y creo que todo Edmundo está encantado, independientemente de que se puedan hacer algunas observaciones al respecto en su momento oportuno.


Así pues, en esta ocasión podía o debería haber al menos tres comentarios distintos, de los tres equipos participantes en el juego, aunque posiblemente fueran muy parecidos.
Por lo que a nosotros respecta, nuestro equipo ha estado formado por

Emiliano Andrade Rodríguez
Florencio Benítez-Cano
Pedro Dorado Mera
Pablo Gallego Casillas
Andrés Nieto Cortés

Nos tocó en primer lugar la ruta B-1, que era la más larga y difícil, en la que había que llegar hasta los Pinos de Alico, saltar vallas y regresar hasta el lugar de encuentro, cruce de la vía de servicio con la pista del canal, donde nos esperaba José Carlos para supervisar nuestro recorrido, recoger el plano y darnos el plano siguiente que era el más corto y el más sencillo. Además nos advirtió, al igual que a los demás equipos, que el número de los ladrillos no había sido encontrado. Pero nosotros conseguimos dar con él, sólo que valía pocos puntos. Pero nos habíamos entretenido mucho con un dichoso número que se nos atragantó en el primer recorrido y al final llegamos los terceros y penúltimos, con un bagaje de QUINIENTOS CINCUENTA PUNTOS, treinta y cinco menos de los totales por el dichoso número que se nos atragantó.
La verdad es que yo me creía que nos habíamos espabilado, pero pude comprobar que los demás se habían espabilado de lo lindo. Que es lo que yo digo: “que los jubilaos ya no estamos pa estos trotes”.
El domingo que viene os espero en un recorrido de mediana distancia, y digo mediana distancia, porque yo estoy acostumbrado a “dir y venir” a Guadalupe. Pero así y todo ya os podéis iros preparando, que os daré caña.
Salud y felicidad.
Flore.

lunes, 21 de septiembre de 2009

La Cuesta de Pedro Cuesta II


( domingo, 20 de septiembre de 2009 )



Perfil aprox. de la ruta

Asistentes a la ruta:

José María Almaraz Luna

Emiliano Andrade Rodríguez

Florencio Benítez-Cano

Pablo Carrascosa Sánchez

Paco Cidoncha Carrascosa

Pedro Carrasco Cuesta

Pedro Cuesta Flores

José Carlos Escobar

Pablo Gallego Casillas

Alberto López Fuentes

Moisés López Calle

Juan Carlos Muñoz Tapia

Andrés Nieto Cortés

Domingo Pablos Bautista

Javi Parejo Jiménez

Diego Parejo Jiménez

Domingo, 20 de septiembre de 2009


Tiempo empleado: 2 h. 14 m. 48 sg.

Velocidad Máxima: 58,6 Km/h.

Velocidad Media: 19,7 Km/h.

Parciales:44,330 Kms


Recorrido: Plaza de España, Carretera de Cáceres, Sajonia, Canal de Orellana, Cuadradillo, El Entalle, Castillejos, Cuesta Tremenda de Pedro Cuesta, Pared de piedra, Camino de los Castillejos Reunidos, Pista de Arroyomolinos, La Parrilla, Canal del Orellana, Vía de Servicio de la Autovía, Sajonia, Carretera de Cáceres, Plaza de España.


En esta ocasión nuestro narrador de turno ha debido de tener algún lapsus informático y creo que nos ha enviado la misma crónica, de la misma ruta que se realizó en fechas pasadas.


Cuando aclaremos el problema se completara esta nueva entrada en el blog.


De momento solo tenemos clara la información plasmada.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Camino de Santiago


Javi-Diego-Garrido
septiembre de 2009

Estos tres componentes de nuestra Peña han realizado el final del camino de Santiago aprovechando las fechas del puente del Día de Extremadura.

© Javier Parejo Jiménez.

Acompañantes:
Diego Parejo Jiménez
José María Garrido Parejo

Coche de Apoyo:
José María Garrido Libiano
Mari Carmen Parejo Muñoz
Esther Díez Acedo
Hugo Parejo Díez
Vanessa Dorado Escobar

Santa Amalia, septiembre de 2.009

Sábado, 5 de septiembre

El viernes, día cuatro de septiembre, alrededor de las cuatro de la tarde, emprendimos el viaje desde Santa Amalia a Villafranca del Bierzo, acompañados por mis tíos Jose Mari y Mari Carmen, mi cuñada Esther y mi sobrino Hugo y Vanesa, mi mujer, con el fin de comenzar nuestro Camino de Santiago al día siguiente.
Cargamos las maletas y seguidamente montamos los portabicicletas en los coches, que por cierto van muy bien.
Llegamos a Villafranca del Bierzo sobre las diez menos cuarto de la noche, y empezamos a buscar el Hostal, previamente contratado. En este caso era el Hostal Burbia, el nombre le viene por el río que pasa justo al lado de él. El hostal está muy bien, así que dejamos las maletas en la habitación y nos dirigimos a la plaza para cenar. Después nos vamos a acostar para descansar del viaje y poder salir temprano a la mañana siguiente.
Quedamos en el rellano a las siete y cuarto de la mañana, para salir tempranito, que no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar.
Una vez preparadas las bicicletas nos dirigimos a la plaza para desayunar. El bar en el que teníamos previsto desayunar estaba cerrado con lo que nos tuvimos que meter en el de al lado.
Después de desayunar le pedimos a la camarera que nos pusiera el primer sello de nuestra credencial. Nos dirigimos hacia la Iglesia que nos habíamos quedado a la derecha para realizar la primera fotografía y emprendimos el viaje. Empezamos a pedalear y cuando íbamos saliendo del pueblo ya nos habíamos cruzado con bastantes peregrinos. Seguimos las indicaciones que nos van marcando las flechas amarillas, entrándonos en bastantes pueblecillos. Al principio te sorprende que los pueblos son de muy pocos habitantes, pero los íbamos pasando sin parar hasta que llegamos a Ambasmestas donde paramos para sellar de nuevo. En todos los pueblos hay puestos que venden bastones, conchas y demás cosas típicas del camino. Seguimos y enseguida estábamos a pie del puerto de O'cebreio, concretamente paramos en un bar que esta a la salida de Herrerías, para que nos volvieran a sellar la credencial y preguntamos que a cuántos kilómetros estaba el O'cebreiro, a lo que nos respondieron que a unos nueve kilómetros. Sin saberlo, estábamos ya ante las primeras rampas del puerto y justo donde se encuentra el cruce de caminos del carril bici o a pie nos encontramos con la primera pareja de ciclista, eran Cesar y Belén. No paramos ni a preguntar quienes eran pero los conocimos más adelante. Empezamos a subir y a disfrutar del paisaje que nos quedaba a nuestra izquierda. El puerto tenia unas rampas bastante duras pero las subíamos bastante bien, hasta que llegamos a la única curva que tiene de ciento ochenta grados. La rampa era muy dura, con lo que Diego exclamó: “si esto es así veremos a ver si llegamos arriba del tirón”. Pero después de varios kilómetros aprendimos a ir recuperando mientras subíamos y lo conseguimos. En dicha curva adelantamos al grupo de Gijón, que tampoco nos paramos a preguntar, pero como a Cesar y Belén, los conoceríamos luego.
Mientras subíamos y subíamos, llegamos a un punto en la carretera, donde hay escrito en el suelo unos letreros que decían a 1500 metros hay un bar. Continuas y se siguen repitiendo pero con los metros que te van quedando. Nos creíamos que era O’cebreiro, no La Laguna como así era, así que sin parar nos dirigimos hasta la cumbre. El pueblecito que hay allí arriba es precioso tanto por las vistas como por las casas. Algunas tienen el tejado de paja, otras lo tienen de pizarra, el suelo es todo empedrado con sus tiendecitas y bares en el cual nos paramos parar tomarnos una coca cola por lo bien que lo habíamos hecho.
Desde allí llame a mi mujer para ver por donde andaban y me comentó que todavía no habían salido de Villafranca del Bierzo. Se sorprendió mucho cuando le dije que ya habíamos coronado el O'cebreiro. Nos estuvimos recreando en el pueblo durante una hora, sellamos en el bar, pero luego entramos en la iglesia y nos volvieron a sellar. La verdad que es uno de los sellos más bonitos. Seguimos con nuestro camino por las flechas que lo indican pero sin darnos cuenta nos equivocamos, gracias a que un coche en el que viajaban uno lugareños paró y nos advirtió que el camino se cogía por el merendero que nos habíamos quedado atrás. Así que una vez que nos metimos de nuevo en el camino verdadero, nos esperaba una bajada estupenda a Liñares, donde de nuevo se volvía el camino cuesta arriba. Así hasta que llegamos al Alto de San Roque, donde de nuevo volvimos a bajar para subir de nuevo al último puerto del día, el Alto del Poio, que tiene una altitud de 1.335 metros y es el más alto del Camino Francés. Después una bajada increíble hasta Triacastela, en la cual coges unas velocidades increíbles, en algunas ocasiones por encima de la máxima que te marca la carretera. Una vez en Triacastela nos dirigimos a la iglesia para que nos sellaran otra vez.
Después cogimos de nuevo el camino por unos terrenos preciosos llenos de arboleda que van envolviendo el paso de los peregrinos. De esta manera llegamos a Samos, con su maravilloso Monasterio que es precioso.
Allí estaba nuestra primera meta del camino con lo que nos estiramos un poco en el río que atraviesa el pueblo, el río Oribio, para después dirigirnos al hostal y esperar al resto del equipo.


Domingo, 6 de septiembre

Segundo día del camino a Santiago, y como el día anterior, a las siete y cuarto de al mañana era la cita en el rellano del hostal Victoria. En esta ocasión ya estaba en el lugar de la cita desde las siete y cinco, esperando al resto de la expedición. Una vez reunidos, nos fuimos a reponer un poco de fuerzas en el bar de dicho establecimiento, en esta ocasión un Cola Cao con magdalenas, recebamos las mochilas de agua y nos dirigimos a la cochera a por nuestras burras de acero. Pasamos por el Monasterio donde nos empezamos a cruzar ya con los primeros peregrinos, aún no se veía con claridad. Estábamos altos de moral, pues creíamos que lo peor ya había pasado. Pero pronto nos dimos cuenta que estábamos en Galicia y allí no hay descanso para las piernas, es un constante sube y baja, no llevábamos ni diez kilómetros aún, ni si quiera habíamos llegado a Sarria cuando mi hermano y mi primo empezaron a decir: "que aquello no era normal, que no nos habíamos cruzado con ningún ciclista, que los ciclistas se tirarían por la carretera, porque era demasiado duro por el camino con esas rampas". Tal era así que decían que eran cuatro San Isidros empalmados. Pero la verdad que compensaba por la maravillosa vegetación que envolvía los caminos, así que seguimos hasta Sarria. Después no sabíamos qué hacer, si seguir por el camino o probar por la carretera a ver que tal, pero después de sellar en un bar, porque las iglesias estaban cerradas y, como era Domingo, el Concello también, seguimos las flechas y sin darnos cuenta estábamos de nuevo en el camino, sin posible marcha atrás, porque habíamos bajado una cuesta con una pendiente brutal. Así que continuamos por él. Atravesamos la vía del tren y sin tiempo para pensar, nos esperaba la siguiente cuesta, que esta vez si que era bestial, con el agravante que había muchísimos peregrinos subiendo en ese momento. Íbamos escalando y a la vez diciendo: “Buenos días”, con lo que algunos nos respondían: “Ahora mismo no son tan buenos”. Se iban apartando y animándonos a la vez, hasta que coronamos, seguimos sin parar y todavía no nos habíamos cruzado con ningún ciclista, pero ya llegando a Barbadelo adelantamos a la chica del perrito en las alforjas, yo la adelanté primero y la dije: “Buen Camino”, pero mi hermano y mi primo se quedaron charlando con ella un momento. Ella les dijo que tiraría por carretera en cuanto pudiera, pero nosotros seguimos por el camino, a la espera de no
equivocarnos.



Cuando llegamos a un bar, donde se encontraban los ciclistas de Gijón, a los que les preguntamos que como iba el día de hoy, a lo que nos respondieron que bien, pero que en la subida que hay después de la vía del tren se tuvieron que bajar, puesto que los había cogido fríos, ya que ellos salieron de Sarria. Con ellos nos habíamos cruzado en la subida de O'cebreiro. Nos dijeron que Galicia era así pero que ellos también iban por caminos con lo que nos despejaron todas las dudas. Seguimos adelante y antes de llegar a Portomarín nos encontramos con otro ciclista, el denominado Flores 2. Digo esto porque nuestro amigo Flores ha hecho el Camino unas pocas de veces y por unos pocos de sitios. Nos estuvo contando los pormenores del camino y nos hizo una fotografía en la que Portomarín no se veía debido a la niebla que le cubría.
Después nos despedimos de él y bajamos una larga pendiente que nos llevó a un gran puente que cruza el río Miño, y a contiaución subimos hasta la plaza donde se encontraba también la iglesia, donde paramos a sellar. Nos selló el párroco, el cual se interesó por nuestra experiencia en el camino. Luego nos quitamos todos los aparejos de abrigo, ya que hacia una mañana estupenda y nos pusimos a comer algo. Cuando apareció de nuevo Flores 2 y nos estuvo contando que Portomarín en un principio estaba abajo, que lo habían subido allá por los años sesenta, piedra a piedra, debido a que hicieron un pantano, el Encoro de Belesar, y se iba a quedar inundado. Un poco de historia nunca viene mal. Nos hizo de nuevo una fotografía y nos despedimos nuevamente de él.
Antes de salir de la plaza Jose Mari dio la voz de alarma de que teníamos el primer imprevisto, había pinchado. Probamos con una espuma que compramos en el Decatlón, pero no funcionó, con lo que tuvimos que cambiar la cámara. Solucionado el entuerto volvimos pedalear, siguiendo las indicaciones, y nos volvimos a meter por esos caminos tan bonitos como duros, en los que a veces hacías más fuerzas al bajar que al subir por el estado de los caminos. Llegamos a un camino que era prácticamente imposible de andar por él, con muchísimas piedras y para más dificultad nos encontramos con un grupo de chavales portugueses que parecían que iban de excursión. En el medio de ellos iba Belén, una peregrina de Valladolid, a la que mi hermano ayudo a salir de aquel fregao. Al despedirnos de ella nos dijo que si veíamos a un chico con bicicleta, César, su marido, le dijéramos que venía por detrás, que la esperara. Así lo hicimos, y vimos que la estaba esperando ya, en el próximo alto que nos encontramos. Se lo comunicamos y seguimos para adelante. Después en unos de las muchas salidas que hacíamos a la carretera, para de nuevo coger otro camino, coincidimos con nuestras mujeres que acababan de llegar al mismo cruce. Le dijimos que tiraran para adelante que nosotros ya nos quedaba unos veinte kilómetros a Palas de Rei, que era nuestra próxima parada.
Cogimos el camino que nos llevaba por una pista alquitranada casi hasta Palas de Rei. Al pasar por la aldea de Rosario, que es como creo que se llamaba, nos gritaron unos peregrinos que estaban tomándose algo en un bar: ¡Extremeños!, ¿de qué parte sois? Le dijimos que de Santa Amalia, que se encontraba entre Mérida y Don Benito, con lo que nos contestaron: “Nosotros somos de Cáceres”. Nos despedimos de ellos y sin darnos cuenta ya estábamos en Palas de Rei. Llamamos a las mujeres y nos dijeron que se habían perdido, que casi llegan a Lugo, que ya estaban cerca pero que todavía les quedaba un poco para llegar allí. Con lo que decidimos buscar el hostal y esperarlas.
Preguntamos a un taxista que nos indico por donde teníamos que ir. Llegamos y el dueño nos dijo donde guardar nuestras burras de acero. Debiamos bajar por la otra calle que el nos esperaría en la cochera. Subimos con el para arriba y nos sentamos a tomar el refresco que nos merecíamos después de hacer el recorrido. Al momento llegaron el resto de la expedición, y nos dirigimos a las habitaciones a ducharnos y prepararnos para comer.
Hay que decir que en Galicia se come muy bien y barato. Siempre que pidas el menú. A continuación nos fuimos acostarnos una siestecita para descansar un poco y por la tarde hacer un poco de turismo. Para cenar nos fuimos a una pulpería que se encontraba un poco más abajo y nos prepararon el pulpo estupendamente. De allí nos fuimos para el hostal, donde estuvimos charlando con el dueño e intercambiando impresiones.
Después cada mochuelo a su olivo y hasta mañana.



Lunes, 7 de septiembre

Una vez más reunidos en el rellano del hostal nos bajamos a desayunar, en esta ocasión nos comimos unos donuts con un vaso de Cola Cao calentito, ya que las mañanas en Galicia son fresquitas, aunque algunos guiris van descamisados desde por la mañana, pus no saben lo que es calor. Esta vez, después de desayunar, paramos en la plaza que hay al lado del Concello para estirar las piernas antes de salir, ya que estaban un poco cargadas del día anterior. Unos diez minutos de estiramientos, rellenamos la mochila de la fuente que esta en esa misma plaza, y cogimos la primera flecha que nos condujera al camino.
Una vez en faena, conociendo ya lo que era Galicia nos lo tomamos con filosofía, sabiendo además que era nuestra última etapa por aquellas tierras la queríamos disfrutar al máximo.
No había salido el sol y estábamos ya haciendo las primeras fotografías. Que si a un puente, que a las iglesias de los pueblecitos, a las flechas del camino, etc. Pronto dimos con el primer poste kilométrico que nos indicaba a la distancia que estaba Santiago, ponía sesenta y cinco coma ocho kilómetros. Son curiosos esos postes kilométricos porque son de granito y en él está tallada una concha y los kilómetros restantes. En un abrir y cerrar de ojos estábamos en Melide. Hay que decir que en esta etapa se baja más que se sube o esa es la impresión que me dio a mí, aunque las subidas son algunas durísimas.



Entrando en Melide nos encontramos de nuevo con César y Belén que aquel día partían de allí. Estuvimos hablando con ellos un buen rato y nos dirigimos hacia la iglesia que hay al lado del Concello, que en esta ocasión si estaba abierta, pero no pudimos sellar puesto que no había nadie, con lo que nos dirigimos al ayuntamiento que estaba justo al lado. Mientras Jose Mari, Belén y yo subimos a que nos sellaran, mi hermano y César esperaban abajo junto a las monturas de acero. César le contó a mi hermano que Belén no iba a hacer el Camino pero el compañero que le quería acompañar no pudo ir y Belén se apuntó para que no fuera solo. Después nos despedimos de ellos y seguimos a nuestro ritmo, seguimos disfrutando del camino que era precioso con fuentes naturales en mitad de las subidas, la arboleda que envolvía el camino, los peregrinos y ese saludo tan repetido: "Buen Camino" y los gallegos, que la mayoría son súper atentos y simpáticos, cuando pasamos por un lavadero de los muchos que hay en el camino y se encontraban tres personas lavando las mantas y las sabanas en él, me paraba y les preguntaba que si no les importaba que les hiciera una foto, a lo que me respondieron que sin problemas, que si quería que me la hacían ellos también. Les dije que era el primer lavadero que veía y que lo estaban utilizando, a lo que me respondió que lo utilizaban para la ropa que no le entraba en la lavadora. Proseguimos y los postes kilométricos cada vez eran más frecuentes debido a la cercanía de Santiago y de momento estábamos en Arzúa. Entrando en dicho pueblo nos encontramos con los ciclistas de Gijón a los que saludamos pero no paramos, sellamos en el ayuntamiento de Arzúa, gracias a las indicaciones de un abuelete. Pedaleando de nuevo nos pusimos de momento a unos diez kilómetros de Santiago, cuando en una rampa, que era bastante larga y dura, adelantamos a una niña de unos doce años dando pedales como una campeona a la que grité: "¡Olé el arte, campeón!", por lo que un hombre que estaba allí con su burra de cabestro me dijo que era una niña, a lo que rectifique: "¡Olé el arte, campeona!" Me puse a su altura y estuvimos hablando. Mientras subíamos me comentaba que si eso era el monte do Gozo, a lo que yo la contesté que creía que sí. Al poco rato la niña dijo que ya no podía más, que se bajaba de la bicicleta, por lo que proseguí mi marcha. Hay que decir que la cuesta tendría unos dos kilómetros aproximadamente. Una vez superado aquel repecho, nos dimos cuenta de que aquello no era el Monte do Gozo. Tras una larga bajada y una nueva subida entramos en Labacolla, donde paramos en una fuente a reponer agua para lo que quedaba. Estaban allí dos madrileños que nos dijeron que todavía teníamos que sudar para llegar a Santiago, con lo que proseguimos a ver que nos encontrábamos y en efecto eran rampas duras pero alquitranadas hasta el Monte do Gozo, donde paramos a fotografiarnos delante del gran monumento que allí te espera. A continuación de nuevo una gran bajada y ya estábamos en Santiago. Seguimos las flechas, que por cierto dentro de Santiago están peor indicadas que en todo el Camino, y llegamos a la Plaza do Obradoiro, donde nos esperaban nuestros reporteros gráficos con cámaras de fotos y cámaras de video. Al entrar en la plaza sientes una gran satisfacción de haber realizado el Camino de Santiago.
Una vez allí nos hicimos las fotos y fuimos con nuestras credenciales a que nos dieran la Compostela, que por suerte había poca gente en la cola. Yo entré el primero, seguido de Jose Mari y a continuación mi hermano. Allí hay un gran mostrador donde están varias personas dando la Compostela. Yo estaba en el centro, Jose Mari estaba al final del mostrador a la izquierda, y Diego estaba al final a la derecha. Una vez entregada las credenciales y después de varias preguntas me dieron un papel que tuve que rellenar, pero cuando ya me estaba rellenando la Compostela, una voz que salía de mi derecha, le dijo a la chica que no me la diera porque no tenía crédito.
La muchacha me dijo que teníamos que haber salido desde Ponferrada, pero yo la dije que al menos me pusiera el sello para confirmar que había llegado a Santaigo, porque para mí, sí que había hecho el Camino, por lo menos el que nos propusimos realizar. Lo curioso del caso es que a mi primo Jose Mari sí que se la dieron. Esto quedará como una anécdota más.
Después nos fuimos al hostal a ducharnos y comer. La siestecilla de rigor y por la tarde nos fuimos a ver Santiago, paseando por las calles, nos encontramos primero con los de Gijón, y después con César y Belén y nos estuvimos despidiendo de ellos.
Y así se acaba nuestra andadura por las tierras gallegas.





ETAPAS DEL CAMINO

Tiempo Total Empleado: 13:59:05
Kilómetros Totales: 203,04
Velocidad Media Total: 15,20



1ª ETAPA: VILLAFRANCA DEL BIERZO - SAMOS

Tiempo empleado: 4: 17: 25
Kilómetros: 68,52
Velocidad Media: 16,20
Velocidad Máxima: 64,86



2ª ETAPA: SAMOS – PALAS DEL REI


Tiempo empleado: 4:36:08
Kilómetros: 66,24
Velocidad Media: 14,39
Velocidad Máxima: 66,82




3ª ETAPA: PALAS DE REI – SANTIAGO DE COMPOSTELA


Tiempo empleado: 4:45:32
Kilómetros: 71,94
Velocidad Media: 15,02
Velocidad Máxima: 60,14

lunes, 14 de septiembre de 2009

Cinco Matrículas,Cuatro Pinchazos


(domingo, 13 de septiembre de 2009 )

Asistentes a la ruta:

  1. José María Almaraz Luna
  2. Emiliano Andrade Rodríguez
  3. Juan Manuel Barroso Morcillo
  4. Florencio Benítez-Cano
  5. Juan Luis Capilla Camacho
  6. Pablo Carrascosa Sánchez
  7. Paco Cidoncha Carrascosa
  8. Pedro Cuesta Flores
  9. José Carlos Escobar
  10. José María Garrido Parejo
  11. José Joaquín Gallego
  12. Pablo Gallego Casillas
  13. Moisés López Calle
  14. Gerardo Muñoz Lozano
  15. Juan Carlos Muñoz Tapia
  16. Domingo Pablos Bautista
  17. Diego Parejo Jiménez
  18. Javi Parejo Jiménez

Tiempo empleado: 2 h. 36 m. 17 sg.

Velocidad Máxima: 45,8 Km/h.

Velocidad Media: 23,1 Km/h.

Parciales: 60,200 Kms

Odómetro: 6.810,100 Kms.

Totales: 6.810,100 Kms.



.Recorrido: Plaza de España, Calle Ramón y Cajal, Instituto, Discoteca el Gato Loco, Camino del Cerro Guijo, Pista del Canal Secundario, Camino de Hernán Cortés, Hernán Cortés, Carretera de Rena, Camino, Estación de Rena, Carretera de Villanueva de la Serena, Carretera de Las Arenas, Carretera de Circunvalación, Don Benito, Medellín, Plaza de España.


.Comentario:
Ya dije el pasado domingo que el grupo tiraba muy bien, pero este domingo he comprobado que no me he equivocado, pues el número de participantes ha aumentado considerablemente, dieciocho hemos ido en esta ocasión y se lleva un ritmo desorbitado.




Cierto es también que con tanto jaleo que ha habido en el día de hoy, la velocidad media no se corresponde con el ritmo endiablado que se ha llevado en algunos momentos, rodando a más d treinta kilómetros por hora. Los pinchazos, las matrículas, las paradas, el viento en contra, los abanicos y los cortes del pelotón han sido las notas predominantes de esta etapa, en la que se ha estado casi tanto tiempo parado como rodando.




La primera parte del recorrido ha sido más tranquila, por esos caminos de Patilla, hasta legar a Hernán Cortés, cuando se enfiló la carretera y se comenzó a tirar en serio hasta Ruecas.




Por la pista del canal secundario, Lalo sufriría varios pinchazos múltiples, pues se quería llevar para casa una mata enterita de “abrojos” para él sólo. Claro que mientras estábamos en las tares de la reparación, nos enteramos que José Carlos también había pinchado, y que el pequeño Moi, al frenar en seco con el freno izquierdo, es decir el de la rueda delantera, salió disparado como Don Quijote de Rocinante, que por cierto no sufrió ningún daño, pero a la bicicleta le rompió el cuerno izquierdo.




La incorporación a la carretera de Ruecas, con un amplia curva y la pasada debajo del puente de la autovía hicieron que el pelotón se reagrupó de nuevo, pero sólo por unos momentos, para volver a tirar con fiera saña cuando se enfiló la recta hasta Rena.




En el camino de la Estación, Emiliano se encontró un enjambre de matrículas[1], o eso parecía con la velocidad de la bicicleta, luego eran tres que no está nada mal, así que como ya fuimos en otra ocasión a este recorrido, he decidido ponerle al presente: “Las Matrículas y los Pinchazos”, que se adaptan muy bien a la circunstancia del día, pues en el Estación pinchó un servidor y más adelante Domingo, y luego José Carlos se encontró dos matrículas más, una bastante decente y la otra muy arrugada, pero curiosamente tengo que decir que son iguales.




En Don Benito salieron algunos componentes para adelante con el fin de aprovechar el tiempo, en tanto que Domingo arreglaba su pinchazo, y los demás esperaban. Yo también luego porque estaba un poco cansado de los kilómetros del día anterior que fui a Talavera la Real, pero enseguida me alcanzaron, pues la locomotora rodaba a ritmo de alta competición. En los alrededores de Medellín, me quedé sólo con Juan Carlos, hasta que a la altura del Quinto Cecilio, se decidieron a esperarnos y ya fuimos todos agrupados, aunque a duras penas, para algunos hasta Santa Amalia.




La foto en esta ocasión le ha correspondido hacerla al “Portero del Santa Amalia”, al “Niño Rabo la Vaca”, que responde también al nombre de Pablo Carrascosa.




En la sede estamos al revés sin Maricarmen.




Hasta la próxima.



Por Florencio Benitez-Cano






[1] Matrículas de Emiliano: M 1027 OX, BA 6219 V y 4184 DZJ.




Matrículas de José Carlos: 3795 DKM y 3795 DKM.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La Sierra de
Batanejo

Domingo, 6 de Septiembre de 2009

Asistentes a la ruta:
Emiliano Andrade Rodríguez
Jesús Beltrán Simón
Florencio Benítez-Cano
Pedro Cuesta Flores
José Carlos Escobar Dorado
José Joaquín Gallego García
Moisés López Calle
Gerardo Muñoz Lozano
Juan Carlos Muñoz Tapia
Andrés Nieto Cortés
Domingo Pablos Bautista

Tiempo empleado: 2 h. 30 m. 22 sg.
Velocidad Máxima: 36,3 Km/h.
Velocidad Media: 23,3 Km/h.
Parciales:58,53 Kms
Odómetro: 6.451,3 Kms.
Totales: 6.451,3 Kms.

Recorrido: Plaza de España, Pista del Canal Secundario Número Cuatro, Cerro Mono, Yelbes, Medellín, Cerro Raimondo, Pista Canal Secundario, Número Tres, Sierra Batanejo, Cerro del Guijo, Valdehornilos, Plaza de España.

Comentario:

Este domingo hemos estado once componentes del equipo, el resto de colegas no han podido venir por diversas razones, a saber los hermanos Parejo y el primo Josemari están haciendo el Camino De Santiago, Mario tiene fútbol en Moraleja, otros estarán trabajando, y no sé que más.
Hace mucho tiempo que yo no salgo con la peña pues todo el mes de agosto he estado atareado con el Camino de Santiago y con el viaje a Italia.
He podido observar que el grupo tira cada vez mejor, incluso los “Josejuaquines y los Andrades”, afortunadamente Beltrán se ha incorporado de nuevo, después de su lesión, la caída que tuvo bajando la Cuesta del Cuadradillo. Además están aprendiendo mucho, pues comienzan despacito para ir calentando y van subiendo el ritmo progresivamente, hasta que la locomotora se pone en marcha y ya no hay quien la pare.
La parada obligada de avituallamiento y fotografía la hicimos a la altura de la Nacional Cuatrocientos Treinta, y salimos todos en la foto porque tuvimos un fotógrafo de lujo, el Canito González, que por allí andaba desperdigado con su viejo tractor.
Imagen digna de ver la de José Joaquín cuando se quitó el casco y se le pusieron los pelos de punta como a un puercoespín.
Lalo estuvo a punto de caerse por comerse un plátano sobre la marcha, pero consiguió mantener el equilibrio.
Antes de llegar a Valdehornillos, Pedro Cuesta quiso probar sus fuerzas y se puso a tirar como un poseso. Le acompañaban en estos trances Jesús Beltrán y el maestro, y un poco más atrás su sobrino Moi. Jesús se rindió y Flore le siguió, sin hacerle ningún relevo, pero le siguió al fin de cuentas, y el sobrino Moi, comenzó a tirar como un desesperado y consiguió darnos alcance.
Este estado de locura pasajero duró hasta Valdehornillos donde esperamos al grupo para ir todos juntos.
Sin embargo a la plaza no llegamos todos porque el tío y el sobrino pensaban ir a la feria de Hernán Cortés, y se quedaron de paso en los Barrillos.
A José Joaquín, según comentó él mismo, le sobraron una decena de kilómetros, pero en la rotonda de Antonio López, se agrupo de nuevo el equipo y llegamos todos a nuestra sede, para tomarnos el merecido y acostumbrado refresco, que ya se ha convertido casi en ley.
Hasta la próxima semana, que la vida de jubilado es muy dura, y tengo mucho trabajo por delante.