martes, 26 de abril de 2016

Una Mochila, un faldeo, y un montón de vadeos.





Fotos:
Participantes:
Diego Nieto, Alfonso, Petete, David Barroso, Pancho, Tite, David Gómez, David Liviano, Juan Luis, José Luis, Tomás David, Chino, Javi Parejo, Javi Camacho, Paco, Diego y José Noca.
Hoy toca especial, una especial un poco enquistada que ha estado a punto de pasar a la historia, pero que gracias a las ganas del personal a que una ruta como esta se quede en el tintero, culmine con éxito para el disfrute Perrigalguero. Una ruta que entre unas cosas y otras se ha ido posponiendo llegando al límite para los tomateros, y que por desgracia no ha podido llegar nuestro GPS humano, que desde que su Virginia le hizo Abuelo va de claca en claca.  Abuelo a mejorarse que estas rutas sin tí no son lo mismo.
Son las nueve y Esther y yo nos dirigimos a la plaza para reagruparnos con los Perris. Hoy la Peña se parte en tres y mientras que nosotros hacemos  “La Mochila”, un grupo formado por nuestras Perrigalgas María Jesús y Esther junto con David Cobos, El panadero y Manuel Cordero van a la presa del Búrdalo y otro grupo con nuestros Perrigalguinos campeones, Pablo y Antonio, junto con sus padres, Pablo y Andrés más los Perris Juan, Antonio Indias,  Juanma, José Mari y Santi el Yanki se espetan en el embalse de Las Muelas. Es lo bueno de esta peña que es tan numerosa que da para varias opciones.
En la plaza esta Alberto, que tiene en Villanueva una tienda de Herbalife y quiere hacernos un seguimiento para no sé qué de porqué hay tantos infartos en ciclistas, pues ha venido aún sitio…
Alberto nos pide cuatro voluntarios, y como veo pocas ganas o timidez me presto a ello. Conmigo se encuentran José Noca, Antonio  El Chino y Tomás David. Después de una pequeña charla y de habernos dado la “droga” nos ponemos en marcha.


Marchamos dirección de campo fútbol para coger la pista de Caballero que nos lleva a la 430. Una vez allí nos damos cuenta de porque Paco y Javi Camacho han librado hoy y es que los surcos de los tomates están llenos de agua, haciendo imposible las labores de siembra.

Con ritmo ligero llegamos al primer pueblo, Torrefresneda, pueblo que a esas horas, aunque no muy temprana, esta totalmente en silencio sin señales de vida. Continuamos hasta que nos desviamos por el camino que nos lleva hasta  “El Calaverón”. Primera dificultad del día que hace que el personal empiece a despojarse de ropa. 



Este terreno es muy conocido con lo que aquí sorpresas hay pocas, eso sí antes de llegar a Campomanes el camino esta impracticable y empezamos a barrear nuestras flamantes burras.

Estamos en Cornalvo y algunos recelosos le preguntan a mi hermano por la dificultad de este tramo, a lo que mi hermano le tranquiliza diciendo que vamos a ir “faldeando” la Bermeja. La gente se queda tranquila pero claro, cuestas hay cuestas y algunas rampitas pasan el 14% con lo que imaginaros la punta que se le pudo sacar al “faldeo”. 



Pues “faldeando” llegamos a una pista que nos lleva a Mirandilla, Una pista con un firme buenísimo, que unido al aire de culino, nos invita a desbocarnos y quitarnos todas la telarañas llegándonos a poner 62 km/h. Una breve parada en la iglesia, y foto en la cruz que la acompaña para inmortalizar el momento de que hemos pasado por esta localidad. Nuestro siguiente destino es su pueblo vecino El Carrascalejo al que llegamos sin pena ni gloria. El teléfono suena y no es otro que nuestro querido Demontre, que habiendo terminado sus tareas tomateras nos llama para saber por dónde andamos y decirnos que nos espera en el Dolmen para unirse a nosotros.


De El Carrascalejo hasta el Dolmen de Lácara transcurre uno de los tramos más espectaculares del día, el campo tiene un color gracias a las últimas lluvias que hace de nuestra Extremadura uno de los lugares más envidiados de España, con unas Dehesas adornadas de unos colores verdes, lilas, amarillos de sus flores que  con su aroma hace sentirte totalmente libre y afortunado.

La primera sorpresa que nos encontramos es un arroyo que corta el camino haciendo imposible ningún tipo de rodeo. Sin darnos tiempo ni si quiera que hacer, nuestro Chino se tira al arroyo sin pensárselo dos veces,  ganándose todos los vítores del personal. Este tío no tiene miedo de nada y el arroyo en algunos tramos llega incluso a taparle la rueda el siguiente es Luis que tiene que hacer acopio de una pajita para poder respirar, este tampoco tiene miedo ninguno. 

El arroyo tiene mucha agua y corriente con lo que cada uno lo va salvando como puede, eso sí, con los zapatos calados, bueno no todos porque mi tocayo Diegui y José Noca deciden descalzarse y cruzar el arroyo andando para no mojarse los zapatos, pobrecitos no saben lo que los espera… 
 continuamos la marcha con una sonrisa en la cara y es que hay que ver lo que le gusta a los Perris un buen arroyo. 


Cruzamos la vía del tren y nuestro Paco impaciente preguntando donde estamos. El siguiente arroyo que tenemos que cruzar es más estrecho y con menos corriente, más parecido a un charco enorme y con el agua más turbia lo que hace que tengamos más precaución, bueno más precaución todos menos el Chino que vuelve a tirarse a por el como si no hubiese un mañana. Uno tras otro vamos cruzando el arroyo menos Diegui y Caperucita Roja, apodo puesto por el Chino a José Noca al lucir unas flamantes zapatillas rojas a las que no quiere mojar todavía.


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En este punto el nivel de disfrute y adrenalina es inmenso, los paisajes, los arroyos, los caminos son preciosos y como no hay dos sin tres, nos damos de bruces con otro arroyo, esté más corto pero igual o más profundo. En este arroyo Diegui se da por vencido y decide no descalzarse más ante el descojono generalizado del personal. Caperucita a lo suyo, zapatillas en mano y palante. Ya hay alguno por ahí que sugiere que se las meemos, quien será el propulsor, estoy seguro de que todos lo sabéis.



Hemos llegado a nuestro primer destino el Dolmen de Lácara, que con 4500 años de antigüedad y que gracias a la publicidad que estos días han hecho sobre él se encuentra llenos de curiosos.
Allí esta nuestro Demontre esperándonos junto con su hija, su mujer y su hermana, deseandito unirse al grupo para hacer su semimochila. Después de hacer nuestras fotos y dar cuenta a nuestro primer tentempié, bien merecido puesto que van ya 50 km, nos disponemos a continuar nuestra ruta. La historia del Dolmen la buscáis en internet que si no esto se nos va de las manos…





Nuestro próximo destino es Cordobilla de Lácara, y durante este trayecto es donde tenemos nuestro primer susto del día. Nuestro Luis empieza a notarse unos fuertes dolores de barriga que nos hace preocuparnos ante la imposibilidad de arrojar por ninguna parte. El dolor no se le pasa y vamos parando de vez en cuando.


Al llegar a Cordobilla y ver atónito como se mete un gel entre pecho y espalda me doy cuenta que su hormigonera vuelve a estar en condiciones porque si no, no me lo explico, un tío con retorcijones metiéndose glucosa a granel…


En Cordobilla y viendo que ya eran las dos algunos deciden ir a la gasolinera a por el pan y otros nos quedamos en una curiosa fuente que hace que sea imposible beber a garlito, puesto que es como una alberca y el grifo apunta para dentro, así que te llevas botella o te mojas los pies, diploma para el arquitecto.


El tramo entre Cordobilla y Carmonita lo hacemos por carretera y pasamos por dos embalses que curiosamente están uno seguido al otro, el embalse de Horno Tejero, más grande y el embalse de Boquerón y entre uno y otro puede haber como un kilómetro, curioso….


Una vez en Carmonita Luis se encarga de llamar al bar que nos va a preparar los bocatas calientes. Fíjate si el apetito es voraz que David Gómez no se fía de las dimensiones y decide pedirse un par de ellos y Diegui ni corto ni perezoso se pide uno de prueba de cerdo y otro de tortilla de patata!!!! Si tuviésemos que elegir un emoticono sería el de los ojos saltones.

Partimos dirección cruce de Las Herrerías todos reagrupados hasta que una rampa considerable hace que nos volvamos a partir y es que a estas alturas y con casi 80 km hace que las piernas empiezan a pasar factura a todos, bueno a todos no, los Herbalife, asín han sido bautizados, y los que han nacido con Herbalife en su ADN van como un tiro teniendo que hacer una parada de reagrupamiento justo antes de cruzar la autovía. De ahí al cruce de Las Herrerías es para arriba. Algunos aprovechan el parón para comprar una coca cola y dar azúcar a sus maltrechos músculos.
Alcuescar nos espera a 3 kilómetros y aunque parezca mentira todo para abajo. Una vez allí unos nos dirigimos a por los bocatas y las litronas y otros se meten en un chino de alimentación a por los postres. Ya son pasadas las 3 y el hambre es ya considerable. Cruzamos el pueblo y cogemos la pista que lleva a la ermita del Trampal desviándonos a la izquierda y quedándonos  en las primeras matas.



 Este es sin duda uno de los momentos estrella del día, cada uno saca sus viandas, se descalzan y dan buena cuenta de la comida. Anécdotas, chiste y alguna mirada para adentro de alguno hace de este rato algo excepcional y es que es en estos momentos donde te das cuenta del buen rollo que hay en esta peña. Una vez repuestos de nuestro de alguno hace de este rato algo excepcional y es que es en estos momentos donde te das cuenta del buen rollo que hay en esta peña. Una vez repuestos de nuestro banquete y siesta nuestro voluntario Diegui decide ir a tirar la basura ahí al lao, a la ermita del trampal, na menos que a 2 km de sube y baja ahora entiendo, primero, porque nadie a querido acompañarlo y segundo, porque se ha comido dos bocadillos y es que unos se lo ha dejado por ahí, jajajaja.
Una vez desperezados, saciados y sabiendo que solo nos quedan unos 30 km la peña continua con  otros color de cara y es que ese terreno ya es conocido y sabido es que vamos más bien cuesta abajo. 


La dehesa que cruzamos es espectacular, en esta fecha está en su máximo esplendor. El camino nos lleva a nuestro penúltimo arroyo, donde aquella vez perdió Tite su  zapatilla y lo cruzamos todos de un tirón y sin pestañear menos Paco, que con los dientes largos por nuestros vivencias contadas decide hacer su hattrick personal y cruzarlo unas pocas de veces, si le veis la cara es la mismita que la de los niños el día de reyes.



Continuamos dirección a la Jarilla a encontrarnos con el último arroyo, el cual vamos salvando y refrescándonos que buena falta nos hace y que a estas alturas de la tarde la calor va haciendo mella. 



Una vez refrescados continuamos y nos surge la duda entre tirar por la infernal o seguir por los Castillejos. Con casi 100 kilómetros y llamándose una opción “infernal” os podéis imaginar por donde tiramos y ya con un ritmo liviano vamos quedando kilómetros atrás y acercándonos a nuestro destino.  Último escollo es la subida del Entalle y la subida al Cuadradillo y es ahí donde decido dejar todo lo que me queda y conseguir el nivel “élite”, pa mi que el Herbalife ese hace algo sino que hago yo esprintando en el Cuadradillo con 100 kilómetros en las piernas.




 De ahí al pueblo nos dejamos caer y sin prisa nos plantamos en el plaza para meternos nuestras jarritas que bien merecidas nos las tenemos.
Jornada de las que hacen afición y deseando que llegue la del año que viene.
Al final el aparato diabólico de mi hermano va a servir para algo.
Bueno chochines, creo que me he pasado un poquito, a ver si con esto ya no me toca en todo el año.
Un saludo y hasta otra
Pd: Caperucita al final se mojó los pies.
       Para los indecisos y cagones aprender de Tite.
Crónica Diego Parejo